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Rosario/12 | Página/12 | Psicología | Jueves 11 de septiembre de 2008
Tratamiento ante la angustia
 
El autor de la nota disertará como invitado por el Colegio de Psicólogos, el sábado 20. Sus apuntes sobre la angustia y el trauma, seleccionados por la psicóloga Andrea Bordignon, que anticipan los temas que tendrá el encuentro.
 
Tratamiento ante la angustia
El trauma aparece definido en la obra de
Sigmund Freud como accidental e inasimilable.
 

Por Osvaldo Delgado [*]

Inicialmente, el trauma aparece en la obra de Freud definido por dos caracteres: primero accidental porque da cuenta de la experiencia sexual prematura traumática y segundo inasimilable, por la articulación misma que pone en juego la defensa y que deja la escena traumática como irrecuperable. Estos dos caracteres nombran un límite ya que, formulado como acontecimiento, el retorno lo presenta como extraño.

Existe, entonces, una correspondencia puntual con lo formulado por Freud en el Proyecto de psicología, en relación con las dos partes en que se divide el objeto en la experiencia hostil con el semejante. Sabemos que una parte forma el conjunto de caracteres perceptivos constantes que aparecen unidos como cosa (lo inasimilable); mientras que el segundo elemento sobre el objeto es lo que denomina juicio de atribución (los atributos: bueno o malo).

La primera pregunta que nos formulamos es ¿cuál es la relación de la angustia en el Más allá del principio de placer? La segunda pregunta es, respecto de la diferencia entre la angustia traumática y angustia señal. En Más allá del principio de placer, la angustia surge como reacción ante el peligro, determinado por la ruptura de la barrera protectora.

El peligro, en el nivel de la angustia traumática, es la perturbación económica, producida por un incremento de las magnitudes de estímulo (núcleo genuino del peligro). El núcleo genuino del peligro nos lleva a lo que habíamos trabajado en el Proyecto de psicología El estado de desamparo no implicaba, como angustia real, una fantasía de amenaza real.

En Más allá del principio del placer, la inundación económica de magnitudes de estímulos insoportables se articula con el automatismo económico. La angustia se generó como reacción, ante un estado de peligro. Pero, cuál es el peligro. Freud lo dice claramente en el capítulo VIII de Inhibición, síntoma y angustia: el aumento de tensión de la necesidad, frente al cual el aparato psíquico es impotente.

El incremento de las magnitudes de estímulo en espera de tramitación implica el peligro del desvalimiento psíquico, en relación del período de inmadurez del yo. La situación económica psíquica es en ambos casos la misma y el desvalimiento motor encuentra su expresión en el desvalimiento psíquico.

Freud afirma que lo esencial, respecto de esa gran excitación que es sentida como displacer y que el sujeto no puede dominar con su descarga, estado en que fracasan los esfuerzos del principio de placer, es el instante traumático. El instante traumático paraliza la función del principio de placer, y da a la situación de peligro su significación. La represión primaria nace directamente de instantes traumáticos.

¿Qué obtenemos de esto? La angustia traumática es respuesta a la ruptura del principio de placer, a partir de una exigencia pulsional Como pulsión de destrucción, se sostiene en ese instante traumático, base de la represión primaria.

En esta línea, la angustia vale como una función. ¿Cuál? Ser una señal para la evitación de la situación de peligro. Como señal, siendo lo fundamental el desplazamiento que se opera, de la reacción de angustia desde su origen en la situación de desvalimiento hasta su expectativa, la situación de peligro, tenemos dos cuestiones.

Respecto de la primera decimos: la situación de peligro es la situación de desvalimiento discernida, recordada, esperada. Respecto a la segunda: el yo que ha vivenciado pasivamente el trauma "repite" ahora de manera activa una reproducción morigerada de éste, con la esperanza de guiar de manera autónoma su decurso. Por lo tanto, la angustia en tanto su función como señal, implica, tanto la expectativa, como la reproducción morigerada. Se articula con la repetición y el recuerdo. Entonces, esta reacción es una forma de recuerdo y se sitúa en el marco de la historia del sujeto.

 
 
Notas
* Analista Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Extractado del artículo "Apuntes para una concepción del trauma en la obra de Sigmund Freud".