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Relativos a la AMP - IV Congreso AMP: La práctica lacaniana
Papersdel Comité de Acción de la Escuel@ Un@ | Nº 9 - Marzo de 2004
 
Dirección: papers@elistas.net
Moderación: Oscar Ventura
Co-moderación: Marta Davidovich
 
Resonancias, por Joseph Attié
Indicaciones y contraindicaciones del análisis en las revistas francesas de la IPA, por Rose-Paule Vinciguerra
La lógica de la sesión lacaniana, por Pierre Malengreau
Bouvet leído con Lacan, por Valérie Pera Guillot
Papers On-Line
 
Resonancias

Joseph Attié

Dos pequeñas observaciones para situar mi intervención.

1. Es sabido que toda concepción del síntoma implica una concepción del inconsciente, que implica un tipo de intervención del analista.

2. Para abordar este nudo seguí un solo término de Lacan, el de resonancia, presente en su Discurso de Roma, y en su última enseñanza.

La conclusión que se impone es que tenemos que vérnosla con dos concepciones del inconsciente: el inconsciente como memoria y el inconsciente como pulsión. Esto ha sido despejado por JAM en su curso SILET. [1]

En Freud ya encontramos dos definiciones importantes del síntoma. La primera, la más clásica, nos dice que el síntoma es lo que es reprimido y llama a su interpretación por la palabra. La segunda plantea que el síntoma es "signo y sustituto de una satisfacción pulsional". [2]

Freud no aportó precisiones sobre la manera de responder a la pulsión; excepto si retenemos lo que dice en Análisis terminable e interminable, es decir el encuentro de lo que no quiere de ninguna manera curar en términos de castración.

El primer Lacan [3] nos dice que el síntoma es "el significante de un significado reprimido de la consciencia del sujeto". El síntoma es entonces lenguaje, está estructurado como un lenguaje "cuya palabra debe ser liberada" [4] Liberar la palabra del lenguaje en que está tomado.

Cómo entender esta definición de la interpretación? "No cabe pues dudar, responde Lacan, de que el analista pueda jugar con el poder del símbolo evocándolo de una manera calculada en las resonancias semánticas de sus expresiones" [5] Es así que aparece el término resonancia, como resonancia semántica. Este término es tan importante para Lacan que lo hace figurar en el título del tercer capítulo de este importante escrito: "Las resonancias de la interpretación y el tiempo del sujeto en la técnica psicoanalítica".[6] Así esta resonancia hay que articularla al tiempo del sujeto en la técnica analítica. Hay allí una importante indicación.

Esta resonancia Lacan la pone en acto en este mismo escrito evocando "la razón" y la "réson" según la escritura de F. Ponge. Al seguir la huella de esta resonancia en la última enseñanza de Lacan la rencontramos como equívoco.

Retomemos algunas de sus fórmulas. En el seminario Le sinthome, (1975-76) encontramos esto « A fin de cuentas, no tenemos sino eso, como arma contra el síntoma –el equívoco." [7] "hace falta que haya algo en el significante que resuene" (Id.).

Entonces luego aparece algo inesperado, "lo que será más eficaz no hará sino desplazar el síntoma, incluso multiplicarlo". [8] Así, paradójicamente, la ambición del analista parece ser desplazar el síntoma, incluso multiplicarlo.

Es en esta perspectiva que Lacan introduce la cuestión de la pulsión que entonces es definida como "el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir". [9] El cuerpo deviene entonces un tambor donde algo resuena.

Pero en este mismo Seminario se nos dice que "El equívoco de palabras es lo que permite pasar de un sentido a otro." (Idem.) En esta perspectiva el síntoma parece ligado al sentido. Pero el ejemplo que nos da es el de "dudoso asesinato (assassinat) político – y dudoso asistente (assistanat) político". Así nos precisa que "el significante se reduce a una torsión de voz". [10]

Acá hay algo distinto que el equívoco, se trata de un lapsus sobre el cual Lacan va a poner completamente el acento, enlazándolo al chiste. Tratándose del sentido Lacan agrega "tornar al goce posible es lo mismo que oír un sentido". [11] Por lo que síntoma y sentido se sostienen el uno al otro. Es una experiencia cotidiana constatar de que un significante puede tomar diez años para pasar de un sentido a otro. Aquel o aquella que usa el término vuelo (vol), el vuelo del pájaro en un sueño fálico, se imagina la sorpresa que esto puede provocar al darse cuenta que se trata de "robar (vol) algo". Estamos aparentemente siempre en una resonancia semántica, en torno a la problemática fálica. Excepto que pasamos del ser al tener.

Es en este contexto que Lacan introduce "la función de la fonación" [12] y no solamente el significante.

Subrayemos acá que de la teoría de lo simbólico Lacan pasó luego a la del significante y aquí la fonación parece purificar al significante mismo.

Acá Lacan introduce la teoría de la doble escritura. Está la que procede del significante, la escritura es entonces precipitación del significante, erosión en el cuerpo, "pero el dicho no es forzosamente verdadero" [13] agrega él. Y está la que procede del nudo borromeo. [14] Y "el significante, o sea lo que se modula en la voz, no tiene nada que hacer con la escritura, lo que demuestra perfectamente mi nudo-bo. "[15] Cómo acceder a este segundo tipo de escritura? Dicho de otro modo, por qué tipo de interpretación o de intervención?

Es en el siguiente seminario L’insu que sait de l’Une-Bévue s’aile à mourre ( 1976-77) que Lacan da un paso suplementario y que invierte completamente la primera perspectiva. Comienza por decir que "el sentido es lo que resuena con la ayuda del significante". Tenemos entonces de nuevo el término resonancia. Pero a esto Lacan agrega algo importante "lo que resuena eso no llega lejos, es más bien flojo. El sentido eso tapona". [16] La inversión acá es total con relación a la teoría de la resonancia semántica. No podemos sino sacar la conclusión de la necesidad de una resonancia asemántica, es lo que hará eco de la pulsión en el cuerpo y nos permite comprender por qué Lacan trae la función de la fonación. Esta es definida por el diccionario como "el conjunto de fenómenos que participan en la función de la voz y el lenguaje articulado". El acento, entonces, es puesto en la voz. Se ha operado un desplazamiento que concierne al significante que puede quedar tributario del sentido.

Toda la riqueza de esta palabra "resonancia" es que por una parte juega con el sentido, luego deviene equívoco, chiste y después juego con la voz.

Lo que viene luego como una conclusión nos lleva a la poesía: "estar inspirados eventualmente por algo del orden de la poesía, para intervenir, es yo diría precisamente eso hacia lo cual es necesario orientarlos. [17]

En el seminario Le moment de conclure (1977-78) Lacan califica al analista de retórico. Este término viene de la antigüedad para decir "maestro de la retórica". Y el retórico rectifica algo, opera por la sugestión. Tenemos aquí este término, sugestión, tan problemático en psicoanálisis que aparece acá positivamente.

Esto sorprende porque encontramos en Mallarmé toda una teoría de la nominación ligada a la sugestión. Nombrar un objeto directamente no sirve para nada, porque las cosas, los hechos están allí no les agregamos nada al nombrarlos de este modo. Mucho más importante para él es nombrar por sugestión, alusión, metáfora. Un solo ejemplo acá será esclarecedor. Esta metáfora del bosque: "trueno mudo esparcido en el follaje".

Todo esto es muy lindo decirlo, pero cómo practicar la interpretación entendida así?

Recordemos una última palabra de Lacan: "que él no es bastante poeta", en su práctica supongo. Esta necesidad se le impone a partir del momento en que el sinthoma devino este nudo elástico, de caucho, que hay que saber tocar, de allí esta noción de "enlace, de ajuste de categorías" como él se expresa en el seminario "El momento de concluir". En efecto el síntoma está siempre estructurado como un lenguaje, pero no solamente, y para tocarlo hay que saber usar el equívoco, lo asemántico y esta "torsión de la voz".

En suma, todos los registros del discurso movilizados pueden llevar la palabra hasta una dimensión poética.

Para concluir este recorrido del término "resonancia" quiero volver a la cuestión de la pulsión. Es JAM quien introduce el matema de la interpretación como < S (A/) <> Si >. El significante Si de la interpretación debería poder alcanzar la falla en el Otro, a su desfallecimiento como siendo un desfallecimiento de lo simbólico mismo. Desfallecimiento o límite de lo simbólico en la medida en que él no puede decir todo el goce, teniendo él mismo su parte de goce. "Por esta razón es precisamente a esta falla que Lacan articulará la pulsión." [18] Esta articulación es lo que más importa subrayar. Está lo que constituye la fuente de pulsación del lado de S (A/) y la respuesta del analista puesta en el lugar del objeto de las pulsiones, objeto (a). Que el significante de la interpretación venga de este lugar es lo que trae más consecuencias.

Este es el principio que podría estar en el fundamento de la interpretación. Del cual evidentemente ninguna regla nos dirá cómo hacer, dejando la operación a cargo de la invención del analista, por mínima que esta sea.

A partir de este momento el acento hay que ponerlo en la articulación entre la pulsión y la interpretación. Que una perspectiva tal se diseñe a partir de la teoría del sinthoma, es precisamente esto lo que nos importa. En la medida en que en el corazón de la pulsión hay lo que de lo simbólico está siempre desfalleciendo y llama siempre a nuevas respuestas.

 

Traducción: María Inés Negri

Notas
1- Jacques-Alain Miller, Cours inédit SILET, 1994-95, leçon du 22 mars 95.
2- Cf. Sigmund Freud, Inhibition, symptôme et angoisse. Ed. PUF, p. 7.
3- Cf. Jacques Lacan, Fonction et champ de la parole et du langage, Ecrits, Ed. du Seuil, p. 280-81.
4- Id. p. 294.
5- Id. p. 294.
6- Id. p. 289.
7- Séminaire Le sinthome, Leçon du 18 novembre 75.
8- Id. ORNICAR ? N° 6, mars-avril 76, p. 5
9- Id. p. 8.
10- Id. Leçon du 17 février 76, p. 15.
11- Id. ORNICAR ? N° 7, leçon du 13 janvier 76, p. 15.
12- Id. ORNICAR ? N° 7, juin-juillet 76, p. 18.
13- Id. ORNICAR ? N° 11, septembre 1977, p. 3-4.
14- Hay que recordar que Alain Badiou, gran lector de Lacan, y que debate con él, insiste en la existencia de dos conceptualizaciones de Lacan que corresponden a dos épocas diferentes, que él designa como “la teoría lineal del significante” y “ la teoría agujerada del Otro”, la primera algebraica, la segunda topológica. François Wahl, quien hace el prefacio de la obra de Badiou destaca que « tan doble enunciado hay en Lacan (…) el segundo en ningún caso se argumenta de un abandono, completamente impensable del primero”. Cf. Badiou, A. Conditions, Ed. du Seuil, 1992, p.48.
15- Id. ORNICAR ? 11, p. 3.
16- Jacques Lacan, séminaire l’Insu…, cf. ORNICAR ? N° 17 :18, Printemps 79, p. 15
17- Ibidem.
18- Cf. JAM, cours Silet, 1994-95, Inédit, leçons du 7 décembre 94, et du 25 janvier 95.

 
Indicaciones y contraindicaciones del análisis en las revistas francesas de la IPA

Rose-Paule Vinciguerra

Freud planteó un cierto número de condiciones para el análisis; las contraindicaciones que él cita son las degeneraciones neuropáticas, la falta de inteligencia, de cultura y de educabilidad, la edad, las psicosis, los estados confusionales, las melancolías profundas, pero también la obediencia a un allegado para comenzar la cura o el carácter "ama de casa" de algunas mujeres; pareciera que lo que constituye un rasgo común a estos rechazos, fuera un déficit, una falta real o simbólica. Una excepción sin embargo, la que Freud le menciona a Edouardo Weiss a propósito de una serbio: "hay que rechazar el análisis a este canalla que no es digno de nuestros esfuerzos" (no es un punto de vista moral que Freud adopta en ese caso). En ese caso pareciera, es el abrochamiento al significante del Otro, lo que es problemático, ya sea por un desmoronamiento del lazo social, incluso por el carácter transgresivo.

Lacan indicó, él, otros casos de contraindicación: el canalla (como Freud) pero también el japonés, el inglés, el rico, el verdadero católico, el que quiere conocerse mejor, e incluso para el débil, pareciera que acá el obstáculo se debe más bien al hecho de que el sujeto esta demasiado impregnado de los valores exorbitantes del Otro, o atestado de demasiado goce.

Cómo ha sido tratada esta cuestión en la IPA en Francia?

En los tres artículos de revistas y boletines de la IPA, la cuestión de la aceptación o rechazo de la cura analítica es encarado desde el punto de vista del analista o desde el punto de vista del paciente.

I) En principio el punto de vista del paciente:

1)Lebovici (1969) ( no retomaré acá sino algunos rasgos distintivos citados concernientes a la neurosis).

-En las histerias – y allí Lobovici se refiere a Zetzel (1968)-, los mejores casos son aquellos en los cuales se observa el peso de los conflictos edípicos, es decir, la distancia entre el éxito socio-profesional y el fracaso sexual...

-En los casos de fobias múltiples acompañadas de angustia, el psicoanálisis es indicado pero "se vuelve difícil por la imposibilidad en que puede encontrarse el sujeto en ir regularmente a sus sesiones"! De modo general en los casos de fobia, los pacientes a menudo son vistos demasiado tarde.

-En lo que concierne a la neurosis obsesiva, en los casos de obsesiones aisladas, algunos tratamientos comportamentales dan resultados interesantes, si es preciso antes del análisis.

-Pero es necesario tener en cuenta también, por ejemplo…la edad: así "la cura deber ser prescripta con parsimonia en el sujeto demasiado joven porque él quiere "vivir y no elaborar"; al contrario, la edad avanzada es favorable porque "los sujetos no esperan más de la cura que un ronovamiento de su potencia…"

Como en Freud y Lacan hay una lista, pero acá es un catálogo teratológico completamente arbitrario, que se parece a la clasificación de los animales de A a N de una enciclopedia china inventada por Borges y que retoma Foucault al comienzo del libro Las palabras y las cosas (los animales se dividen en: a) los que pertenecen al emperador; b) embalsamados; c) domesticados; d) lechón…

Desde este punto de vista, la clasificación de Lebovici revela el grado cero de la taxonomía. Como dice Foucault, la clasificación aquí, conjura lo imaginario. Mientras que podemos pensar que en Freud y Lacan, es desde en interior del análisis que estas indicaciones son hechas, acá, es más bien el delito de in-analizabilidad a partir de un estándar planteado como "arbitrario legal".

Estas contraindicaciones se sitúan, entonces al nivel de las resistencias del analista.

2-Green :1974 (retomado en 1990).

El autor adopta acá una posición diferente: el estándar debe ceder frente a una posición pragmática; él se pregunta: Que hacemos de hecho?

Pero la respuesta es formulada con todas las letras: El analista tiene que "evaluar la medida de la distancia entre la comprensión del analista y el material del paciente; nos hace falta "evaluar el efecto movilizador de la comunicación del analista sobre el funcionamiento mental del paciente".

Observamos en principio que la evaluación y medida de un lado, comprensión y comunicación del otro forman una mezcolanza entre campos conceptuales heterogéneos. Por otra parte, lo que el analista tiene que evaluar, calcular, comparar, combinar, es lo siguiente: podrá el paciente o no formar conmigo una "pareja analítica" según una fórmula enunciada en otra parte más tarde?

3-Donnet, 1995 : con él, asistimos más bien a una disolución de la cuestión de la evaluación; La oposición se sitúa entre los casos adaptados a la cura "estricto sensu" y " las formas adaptadas del método", para las cuales estas nociones de indicación, contraindicación tienen menos sentido; "en última instancia, un analista perfectamente elástico arribaría al postulado de una pertinencia potencial universal de la indicación del análisis".

Constatamos con estas tres fechas (1969, 1974-90, 1995) una evolución del cuadro de las restricciones; hay un desinterés progresivo en la clasificación pura o dura y en estas contraindicaciones, se desliza cada vez más del lado del "punto de vista del analista" hasta la paradoja, por supuesto irónica, de un "analista elástico" que puede analizar a cualquiera. Este sensible desinterés para la cuestión de las contraindicaciones podría significar que al lado del psicoanálisis puro, y para todo lo demás, tenemos la psicoterapia. Nos podemos preguntar cómo es vivido este clivaje: un analista de la IPA no decía que era el sábado a la mañana que él recibía a los pacientes cara a cara?, es decir, podemos escuchar, en sesiones de psicoterapia!

Observamos que la perspectiva del psicoanálisis aplicado a la terapéutica es diferente; no es un psicoanálisis atenuado o relajado, porque, sin principios y sin ética, decía Lacan, el análisis se degrada a un inmenso manoseo psicológico; también la deformación reflexionada de los principios en el psicoanálisis aplicado no lo vuelve caduco, sino más bien lo mantiene vivo, el imperativo clínico de no prejuzgar nada de lo particular del caso, que en tanto tal siempre es susceptible de no entrar en las categorías existentes, a fortiori en indicaciones prefabricadas.

Desde este punto de vista y sobre el fondo de la tesis enunciada por Jacques-Alain Miller en Mental N° 5, a saber que no hay contraindicaciones al psicoanálisis en las nuevas condiciones de la experiencia, diría que para nosotros lo que puede constituir un límite desde el punto de vista del paciente es una enlace decidido del sujeto con su goce, tal que ningún desarrollo de la cadena significante, ninguna interpretación pueda detenerlo; que al contrario, la palabra, a fortiori, la comunicación solo haga de suplemento de goce. En todo caso, podemos privilegiar el deseo de saber manifestándose en el lazo social con el analista.

II) Hemos visto que las contraindicaciones tomadas desde el punto de vista del paciente deslizaban, en los textos Ipeistas, hacia la del analista. Pero qué dicen ellos precisamente de este último punto de vista?

-La referencia de Lebovici es la de la contratransferencia: la empatía es necesaria (más tarde él hablará de « énaction »).

-Para Green « Los límites de la analizabilidad no pueden ser sino el del analista, alter-ego del paciente ».

- Donnet finalmente, más sofisticado, piensa que en necesario intentar "objetivar" un rechazo de análisis; así la evaluación de la contraindicación produciría un "desdoblamiento" del analista entre el que escucha y el que rechaza; vemos como el paradigma es para él la "dialéctica del sí o del no"

Desde este punto de vista también, hubo una evolución: de la contratransferencia a la intersubjetividad "comunicacional" para arribar a una pseudo objetivación por relatividad; con el lustre del significante-amo de la contratransferencia, se bascula en un "hiper empirismo sobre relativista dialéctico" para hablar como Georges Gurvitch. Plantear al contrario el deseo del analista como principio del acto analítico permite desplazar las cosas. Porque desde el punto de vista del analista, nosotros no tomamos la cuestión por el sesgo del alter-ego intersubjetivo o del analista dividido sino por el del analista "multi-funcional" [1]. Lo importante no es "cómo es que yo voy a seleccionar a mis pacientes?" sino "qué uso puede ser hecho del psicoanalista?". Es allí que puede intervenir un límite. En el fondo, estos artículos Ipeistas encuentran sin saberlo, lo que para nosotros también puede ser un tope en la dirección de la cura, pero ellos piensan en términos imaginarios una cuestión que pone en su centro lo real y que es la del "objeto a" residual del análisis del analista; si este puede servir, en efecto, de palanca en la práctica del psicoanálisis –el analista se presta a hacer semblante de objeto para el otro-, puede al mismo tiempo, a veces, constituir el obstáculo. Por esto, más vale considerar cual « os-bjet », como lo dice Lacan en « Le sinthome » [2], somos, o más para retomar la fórmula de Eric Laurent en la jornada internacional Psi, « qué desecho intratable» hemos devenido.

 

Traducción: María Inés Negri

Notes
1- S. Lebovici,, Indication et contre-indication de la psychanalyse, in Encyclopédie médico-chirurgicale,(Paris) 1969
2- A Green dans la Revue Française de Psychanalyse, 1974 N° 6 ou Nouvelle Revue de Psychanalyse, 1974, N° 10, repris dans« la folie privée » 1990 , p 63-102.
3- Bulletin de la SPP (interne) 1995, N° 38, J-L Donnet, p 79-83.

Bibliografie
- Miller J-A, « Les contre-indications au traitement psychanalytique », Mental, n° 5, Juillet 1998,
- Lacan J., Le sinthome, 11/5/1976

 
La lógica de la sesión lacaniana

Pierre Malengreau

La sesión analítica tiene sus imperativos. Obliga al analizante a hablar sin restricción un cierto número de veces. La sesión analítica tiene lugar regularmente. Por convención, y de un modo casi burocrático, decía Lacan. Varias veces por semana. A menudo menos, algunas veces más. Tres parece ser el número ideal, o al menos, lo más frecuentemente practicado. Ocurre también que tiene lugar regularmente de un modo irregular. Por elección o por necesidad. De una semana a la otra, o varias veces por día una vez por mes, o incluso, varias veces por día durante algunos días varias veces por año. No es menos regular, según las variaciones o un ritmo que depende de la responsabilidad del analizante y del analista. Deducimos de ello lógicamente que la sesión analítica no es única, incluso si es nueva cada vez. A nadie se le ocurre calificar como análisis, una sesión que no tendría lugar más que una vez. Aunque ocurra que un sujeto se valga de algunas sesiones para decirse analizado. No es de buen augurio cuando es para asegurarse una posición profesional. El hecho de que la sesión analítica tenga lugar un cierto número de veces forma parte de su encuadre.

Puede definirse este número? Algunos legisladores, en nombre de factores económicos o sociales, creyeron poder sostenerlo. No es la posición de Freud, incluso si él recurre en un momento a la limitación del número de sesiones para obtener una precipitación de la experiencia hacia su fin. El número de sesiones no está definido previamente. Ni finito, ni infinito. Se planteó desde el comienzo de un análisis como indeterminado. La multiplicidad de las sesiones y la indeterminación de su número forman parte de las condiciones necesarias, aunque no suficientes, de la experiencia analítica. Aportan a la regla fundamental un encuadre semejante a la obligaciones que la dicha regla impone a la palabra analizante. Se unen aquí dos obligaciones: hablar sin restricción, si no es la obligación de rechazar toda restricción, y hablar un cierto número de veces rehusando determinar previamente cuantas veces serán necesarias. Estas dos imposiciones plantean como condición de la experiencia que no es posible objetivar ni el contenido, ni el número de las sesiones. Sitúan a nivel de estas condiciones un casillero vacío, una completud que convoca lo que E. Laurent nombra "los poderes de los subjetivo"[1]. No hacen sino volver más urgente la incidencia del sujeto en el partido que extrae de la experiencia. De este modo conforta el lugar que la práctica lacaniana da al manejo del tiempo. Esta doble imposición forma parte del marco de la experiencia analítica. La cuestión que se plantea entonces es saber si el encuadra así definido se desprende de las condiciones de aplicación del psicoanálisis o de sus principios.

Una referencia de Lacan extraída de su enseñanza por J.-A. Miller nos da las coordenadas lógicas. En un texto reciente propuesto en respuesta a la enmienda Accoyer. J.-A. Miller propone la realización de una coordinación psi concebida bajo el modo de una "serie sin regularidad, estrictamente imprevisible cuya ley no está dada de antemano. Este tipo de serie se llama lawless sequence, serie sin ley, en lógica intuicionista. Lacan demostró la adecuación de esta forma serial a los fenómenos psi. Se opone en todos los puntos a la lógica de la dicha marcha cuantitativa, que procede por evaluación cuantitativa sobre criterios predeterminados"[2] Estas palabras amplían a los fenómenos psi lo que él ya adelantaba hace algunos años a propósito del sujeto de la sesión analítica.

« La práctica del psicoanálisis procede por serie-de-sesiones; si la regularidad es allí necesaria, es para favorecer la sorpresa; el automaton es aquí condición de la tuche. Hay serie y serie. Existe la serie previsible, sin sorpresa, la lawlike sequence, cuya ley está dada de entrada; se inscribe en la lógica del todo y de la excepción ("sexuación macho"). En el régimen llamado del "no-todo", la serie es esencial, pero es en tanto que estructuralmente imprevisible, en los hechos sería, tan regular como la otra: es que la ley no está dada de entrada. Una cura de orientación lacaniana, la experiencia subjetiva que se cobija bajo este término, se soporta de una serie de sesiones que es de este orden, a saber lawless ("fuera-de-la-ley", lo que no es lo arbitrario). (...) La distinción del lawlike y del lawless, (...) pertenece a la lógica intuicionista; está en la raíz de la construcción por Lacan de la noción del "no-todo"; la considero esencial para la teoría de la sesión analítica"[3]

Estas palabras de JAM retomadas de uno de sus viejos artículos [4], no han recibido el lugar que merecen. Sin embargo arrojan una luz precisa sobre la sesión analítica a partir de una referencia de Lacan. Nos invitan a volver a trabajar la sesión analítica a partir de la lógica intuicionista. Es una forma de la lógica modal a la cual Lacan se refiere explícitamente en los años setenta. Como lo mostró notablemente E. Laurent [5], la lógica intuicionista es incluso una de las referencias mayores de la última enseñanza de Lacan.

Es lo que Lacan utiliza en el seminario De un discurso que no sería del semblante, para retomar la paradoja del mentiroso. La verdad se rehusa y se desencadena. Es su verdadero uso. Es por que se rehusa que podemos avanzar en la construcción de nuestras propias aserciones [6]. Una "interpretación no está puesta a la prueba de una verdad que se zanjaría por un sí o un no, ella desencadena la verdad como tal, no es verdadera más que en tanto que verdaderamente proseguida" [7] Es también lo que Lacan utiliza en el seminario Aún [8] para construir la noción de no-todo interrogando lo que sería, para una mujer, una existencia que no puede afirmarse. Es finalmente, lo que da su armadura lógica a la Introducción a la edición alemana de los Escritos, cuando se interroga sobre el tipo de certeza propia al discurso analítico, y esto a partir de una definición del sentido como fuga.

Esta referencia de Lacan se inscribe en un debate en torno de una cuestión que divide a los filósofos y a los matemáticos desde la antigüedad, y que constituyó el objeto de vivas controversias en los años 20 entre D.Hilbert y L.E.J.Brouwer (1881-1966) [9]. Brouwer era un personaje anticonformista. Refractario a las doctrinas de autoridad, amaba la controversia. Sus artículos apelan a menudo a la sabiduría y al desprendimiento, pero su vida era completamente diferente. Brouwer era un ser apasionado e intransigente. Los lazos de amistad y de estima que tenía con Hilbert no resistieron a sus desacuerdos. "El casi fanatismo de Brouwer en sus grandes designios de reformador y el autoritarismo mandarín de Hilbert transformaron en enfrentamiento de personas lo que hubiera debido quedar en el marco de una cortés controversia científica"[10] estas controversias denotan una diferencia de espíritu que atravesó todo el siglo XX. Tienen también la ventaja de enseñarnos que nada tiene "el poder de borrar la dualidad de nuestros instrumentos de pensamiento"[11], incluso si el crédito acordado a la lógica deductiva es más fácilmente apreciada en un mundo dominado por la productividad.

Hilbert llevó la delantera hasta los años 60 en que el intuicionismo brouweriano surge nuevamente a la superficie, especialmente con los trabajos de G.Kreisler y de A.Troelstra del lado de la escuela holandesa y con los trabajos de D.Prawitz del lado de la escuela sueca. Es a partir de esta época que encontramos en Lacan las huellas de su interés por los trabajos de Brouwer que considera como un "personaje considerable en el desarrollo moderno de las matemáticas"[12]

La incidencia de esta forma de la lógica sobrepasa actualmente su campo de origen. Ofrece de este modo por ejemplo a las neurociencias, modelos matemáticos que dan cuenta de los efectos de inducción y de transformación que operan sobre el cerebro las informaciones nuevas que recibe. Este extensión se une por otra parte a lo que sostenía Brouwer mismo. Sostenía que sus investigaciones sobre los fundamentos de las matemáticas podían tener "consecuencias esclarecedores y liberadoras para dominios del pensamiento no matemáticos."[13]

La controversia giraba en torno de la respuesta a dar a una cuestión esencial en lógica: ¿ en qué condición un objeto matemático debe responder para que podamos plantear como verdad que existe? Dos orientaciones se enfrentan sobre este punto. Los defensores de la orientación formalista, entre los que se encuentra Hilbert, que sostienen que la demostración de la verdad de un enunciado o de un objeto matemático depende únicamente de un encadenamiento de proposiciones formales. Los defensores de la orientación intuicionista, Brouwer, se oponen a esta posición de principio. Sostienen que una demostración pasa necesariamente por el acto del matemático, y partiendo del uso de sus instrumentos.

El término de "intuicionismo" es un neologismo que data de fines del siglo XIX. Designa una doctrina que privilegia una teoría del conocimiento cuyo meollo es la aprensión inmediata y afectiva de la realidad [14]. Para Brouwer, "no hay verdad que no haya sido objeto de una experiencia "[15]. La experiencia a la cual hace referencia es aquella de un acto que engendra objetos matemáticos [16] Es lo que Lacan resume en el seminario Aún cuando construye la lógica del no-todo. Para plantear un "existe" a partir de un conjunto infinito. "hay que poder también construirlo" [17]

El término de construcción es central en esta lógica. Determinan su uso dos rasgos. Por una parte, no hay construcción en el absoluto. Un a construcción es siempre relativa a los medios prescritos o utilizados. Es lo que ocurre por ejemplo en geometría donde una construcción exige regla y compás. Por otra parte, una construcción remite siempre a una actividad que consiste en realizar o en prolongar una figura o un concepto dado. Es así como la matemática intuicionista se refiere para resolver ciertas oposiciones, tal como la oposición entre lo finito y lo infinito, entre el punto y el continuo. Ella los resuelve "en progresiones abiertas, dicho de otro modo entidades marcadas por el carácter tiempo" [18] Ella "aparta los objeto estáticos, en provecho de los objetos dinámicos que se realizan progresivamente en el tiempo" [19]

La lógica intuicionista descansa sobre dos actos [20], El primer acto del intuicionismo es un acto negativo. El punto de partida del intuicionismo es el rechazo del principio del tercero excluido. Este principio está en el fundamente de toda lógica clásica. Plantea "que toda hipótesis es verdadera o no verdadera, matemáticamente"[21] y no hay por lo tanto tercero entre lo verdadero y lo falso. Este principio está ligado al hábito de razonar sobre colectividades finitas, y partiendo de colectividades que excluyen el factor tiempo. La lógica clásica "no es pertinente para objetos en devenir"[22]

La lógica intuicionista cuestiona la validez del tercero excluido. Admite la existencia de valores de verdad terceros entre "verdadero" y "falso". Suspender la validez del tercero excluido no significa que verdadero y falso cesen de ser contradictorios. Lo falso permanece siempre como lo que es probado falso. La suspensión del tercero excluido permite solamente la admisión de objetos matemáticos inacabados, como es el caso cuando tenemos que vérnosla con sistemas infinitos o con continuos.

Un ejemplo clásico de problemas ligados al continuo es el que plantea la cuadratura del círculo, es decir la construcción de un cuadrado a partir de un área dada por un círculo. Este problema es irresoluble en lógica formal. La solución que propone Lacan a partir de la orientación intuicionista es muy simple. Basta, nos dice, tomar un inflador o un martillo. "Brouwer (...) demostró que (...) dos figuras (...) pueden ser, por deformación (del) borde, demostradas homeomórficas. En otros términos, ustedes toman un cuadrado, es topológicamente lo mismo que este círculo, pues ustedes no tienen más que soplar en el interior del cuadrado, se inflará en círculo. E inversamente, ustedes dan golpes de martillo sobre el círculo (...) y hará un cuadrado"[23]

Es un buen ejemplo de solución intuicionista de un problema irresoluble de manera clásica. El segundo acto del intuicionismo es un acto de afirmación. La matemática intuicionista introduce los principios de análisis necesarios para sostener objetos matemáticos inacabados. El ejemplo mas corrientemente evocado es el del tiro de dados. Un dado que no tiene más que seis caras, cómo calcular la probabilidad que tal cifra aparezca más bien que otra luego de haber tirado los dados un cierto número de veces. Es en este contexto de la matemática intuicionista que se introduce la noción de serie de libre elección a la que se refiere J.-A. Miller.

Para una serie de números enteros naturales, o la serie está determinada de entrada, (lawlike), o es completamente libre (lawless).En este último caso, se admite que todo lo que puede conocerse de una tal serie, es un segmento inicial. El objeto matemático constituido por esta serie se demuestra por este hecho siempre incompleto. Una serie de elección libre (choise sequence), denominada también "serie lo más anárquica posible", es una serie que realiza un caso intermedio [24]. Esta serie está compuesta de números enteros elegidos libremente entre números enteros que responden a ciertas condiciones (ser un número entero primero, ser un número par, ser un múltiplo de...,etc). Estas condiciones introducen un cierto número de imposiciones sobre el comportamiento ulterior de la serie. Nos invitan a abordar esta serie bajo el ángulo de su potencialidad.

Si estas condiciones no están definidas, y partiendo siempre satisfechas, se obtiene al final de cuentas una serie anárquica, denominada absoluty free choice sequence, o incluso lawless sequence. Si estas condiciones son definidas, las restricciones impuestas se tornan cada vez más fuertes, al punto de suprimir la libertad de elección que estaba presente al comienzo [25]. Se obtiene en este caso una serie impuesta (lawlike sequence). Las series de elección libre se demuestran de este modo uno de los medios que la matemática intuicionista se dio, y se da hoy aún, para engendrar entidades matemáticas nuevas.

Es esta noción de serie de elección libre que J.-A. Miller, en un artículo muy poco leído, retiene para dar cuenta de la sesión analítica, y de lo que ella debe a la lógica del no-todo en la enseñanza de Lacan. El uso de la regla fundamental forma parte de estos casos intermedios tomados por la lógica intuicionista con el término de serie de elección libre. La regla fundamental invita al sujeto a hablar lawless, sin imperativos. Invita al sujeto a hablar "lo que se le ocurra", al "como salga" [26]. El dispositivo freudiano invita al analizante a producir una secuencia sin ley, la única obligación es decir todo lo que se le ocurre.

La noción de serie de elección libre nos permite tratar lógicamente lo que J.-A. Miller nombra "la desorganización profunda" [27] de la secuencia asociativa. Da a esta secuencia una existencia que podemos calificar de "no-todo". ¿De qué existencia se trata? No podemos calificarla como incompleta. La secuencia asociativa no forma una serie a la que faltaría el elemento que la transformaría en clase. "El no- todo, no es un todo que comportaría una falta". La secuencia asociativa es no-todo en el sentido en que se presenta bajo la forma de una "serie en desarrollo sin límite y si totalización" [28]. Que esté en desarrollo quiere decir que ningún elemento esta provisto de un predicado que la calificaría de una vez para siempre, con respecto a los elementos que la preceden o que la siguen.

Hablar de serie de elección libre implica que lo importante no es la sesión única, ni los efectos producidos por cada sesión. Lo que importa, es su multiplicidad y la indeterminación de su número. Hablar de "serie de elección libre" significa también que la elección debe rehacerse cada vez, y que no es por lo tanto posible tener una visión de conjunto de la serie. La serie de elección libre hace par con una "deconstrucción del todo"[29]

¿Podemos calificar por lo tanto, la existencia de la secuencia asociativa en términos de indeterminación? No es esa tampoco la posición de Lacan. Él sabe por haberse instruido, que el tratamiento lógico de objetos en movimiento no es el que los matemáticos reservan a los procesos aleatorios. Cuando retoma el axioma brouweriano abre otra perspectiva. "Sabemos por la extensión de la lógica matemática, la que se califica precisamente de intuicionista, que para plantear un existe, hay que poder también construirlo, es decir saber encontrar donde está esta existencia"[30]. La secuencia asociativa tiene una existencia que le es propia, una existencia que Lacan califica de "excéntrica a la verdad" Excéntrica quiere decir que falta un enunciado o un predicado que podría calificarla verdadera o falsa. Los significantes están allí, pero nada viene a garantizar su sentido , ni predicar su uso. La secuencia asociativa es no-todo en el sentido en que la única ley susceptible de definir su existencia le viene de la forma que toma, cada vez y por el hecho de que tiene lugar.

Su salida, sin embargo no es la que hubiera imaginado el lógico. La secuencia asociativa como serie de elección libre no se diluye en la anarquía. Se produce en la experiencia analítica una sorprendente sustitución que J.-A. Miller califica de maravilla. Milagro sin dios, sorpresa que despierta, estupor que fascina, sonrisa. El asunto es singular. "La maravilla, es que por su transmisión al analista se torna lawlike" [31]. Lo maravilloso del psicoanálisis es que algo que es lawlike surge del lawless de la secuencia asociativa. Allí donde no había ley aparece una segunda secuencia que, lejos de borrar la primera intenta completarla. La cadena de la asociación libre traza lo que Lacan nombra la ranura del decir verdadero: "El decir verdadero, es la ranura por donde pasa lo que (...) suple a (...) la imposibilidad de escribir la relación sexual (...)Es a decir verdad – es decir boludeces, aquellas que se nos ocurren, (...) – que llegamos a trazar la vía hacia algo que no es sino completamente contingente, el que algunas veces y por error, eso cese de no escribirse (...); eso lleva, entre dos sujetos, a establecer algo que parece escribirse."[32] El decir de la asociación libre traza una ranura donde puede establecerse entre dos sujetos algo que parece suplir a la relación sexual que falta. Esto vale la pena que se deje llevar al decir verdadero de la palabra sin imposición, para que se escriba lo que cada uno pone en el lugar de la relación sexual que no existe.

Es esta maravilla de la experiencia que J.-A. Miller describe en términos de sustitución del lawlike al lawless, Basta que un analizante consienta en decir lo que se le ocurre sin obligación para que se produzca una imposición que Lacan sitúa en términos de sujeto supuesto saber. Esto maravilloso tiene sin embargo su razón. No viene de la serie de elección libre que comanda la regla fundamental. No viene tampoco de los significantes amo y de su poder de determinación. Viene por está el analista. Es porque el psicoanalista se hace garante de la experiencia en la cual el analizante se compromete, que una secuencia imperativa puede sustituirse al sin imperativo de la regla fundamental.

"La cadena de las asociaciones libre no encuentra jamás su propia ley, sino bajo la forma de la secuencia que ella misma constituye. "Esta constitución es la de una secuencia con ley. Es el efecto de una apuesta. El analista apuesta a la transferencia y a su eficacia propia. Esta apuesta define su acto inaugural y su oferta. Y es porque soporta la trasferencia que ocurre a veces y por contingencia que una nueva secuencia se produce. La aparición de una secuencia lawlike es un efecto de transferencia. Supone la serie. Revela la manera en que el sujeto intenta completar la secuencia sin ley que comanda la regla fundamental.

La experiencia analítica orientada por el no-todo afina de este modo aquello de lo cual el sujeto es responsable. Se trata primeramente de volver al sujeto sensible al hecho de que es responsable de los efectos que su palabra produce. Hablar tiene consecuencias. Tomar en cuanta estos efecto significa consentir a dejarse desbordar por lo que esta palabra compromete. Pero esto no basta. Conviene también despertar al sujeto al hecho de que es responsable de esos efectos mismos, es decir de la parte de viviente que pone allí. Es lo que le revela la secuencia con ley. Le revela para qué la palabra asociativa le sirve. El surgimiento de la secuencia lawlike le revela el uso que hace de su psicoanálisis y el apoyo que allí encuentra. Este surgimiento lo pone a partir de entonces frente a una nueva elección: hacer de esta secuencia la clave de su existencia y la palabra de su final, incluso si continúa aún. O por el contrario tomar el partido de ponerla en cuestión y renunciar al menos un poco a la seguridad que le aporta.

Lejos de reducirse a las condiciones de la experiencia la no determinación del contenido de las sesiones, de su número y de su duración se refiere al acto inaugural del psicoanalista en tanto que sitúa el no-todo en todos los niveles de la experiencia. Apuesta a la eficacia transferencial del principio intuicionista: "para plantear un existe, hay que construirlo también".

 

Notas
1- E.LAURENT, Deux réponses, in La Lettre Quotidienne, n°122, 20/10/03.
2- J.A.MILLER, Pour une coordination psy, Le nouvel Ane n°1, p.12.
3- J.A.MILLER, Séance et série, La Quotidienne n°14, 2000.
4- J.A.MILLER, Algorithmes de la psychanalyse, Ornicar ? n°16, 1978, pp. 14-31.
5- E.LAURENT et C.EVEN, Lacan et la logique intuitionniste, Cahier – ACF Val de Loire n°7, p.46-77.
6- E.LAURENT et C.EVEN, Lacan et la logique intuitioniste, p.48-52.
7- J.LACAN, D’un discours qui ne serait pas du semblant, séance du 13/1/71.
8- J.LACAN, Encore, p.94.
9- W.P.van STIGT, Brouwer’s Intuitionism, North-Holland, Amsterdam, 1990.
10- J.LARGEAULT, Intuitionisme et théorie de la démonstration, recueil de textes, p.534.
11- J.LARGEAULT, Intuition et intuitionisme, p.16.
12- J.LACAN, L’objet de la psychanalyse, séance du 15/12/65.
13- L.BROUWER, Conscience, philosophie et mathématique, in J.LARGEAULT, Intuitionisme et théorie de la démonstration, p.440.
14- J.LARGEAULT, Intuition et intuitionisme, 1993, p.8..
15- L.BROUWER, Conscience, philosophie et mathématique, op.cit., op.cit., p.433.
16- J.LARGEAULT, Intuition et intuitionisme, p.34.
17- J.LACAN, Encore, p.94.
18- J.LARGEAULT, Intuition et intuitionisme, p.163.
19- J.LARGEAULT, Intuition et intuitionisme, p.176.
20- L.BROUWER, Base historique, principes et méthodes de l’intuitionisme, in J.LARGEAULT, Intuitionisme et…, p.446-458.
21- L.BROUWER, Qu’on ne peut pas se fier aux principes logiques, in J.LARGEAULT, Intuitioniste et…, p.21.
22- J.LARGEAULT, Intuitionisme et théorie de la démonstration, p.445.
23- J.LACAN, L’objet de la psychanalyse, séance du 15/12/65.
24- J.LARGEAULT, Intuitionisme et théorie de la démonstration, p.415.
25- L.BROUWER, Base historique. Principes et méthode de l’intuitionnisme, in J.LARGEAULT, Intuitionisme et…, p.451.
26- J.LACAN, Intervention à la suite de l’exposé d’André Albert (15/6/75), Lettres de l’EFP 24, p.24.
27- J.A.MILLER, Algorithmes de la psychanalyse, op.cit., p.20.
28- J.A.MILLER, Le désenchantement de la psychanalyse, cours du 22/05/02.
29- E.LAURENT et C.EVEN, Lacan et la logique intuitioniste, op.cit., p.54.
30- J.LACAN, Encore, p.94.
31- J.A.MILLER, Algorithmes de la psychanalyse, p.20.
32- J.LACAN, Les non-dupent errent, séance du 12/2/74, inédit.

 
Bouvet leído con Lacan

Valérie Pera Guillot

En 1958 Lacan emprende el debate con Bouvet, y más ampliamente con los psicoanalistas de la SPP, poniendo el acento en la diferencia entre necesidad, demanda y deseo, y elevando el falo al principio de significante del deseo. Voy a seguir aquí la lectura que hace Lacan del artículo presentado por Bouvet en 1952: "El yo en la neurosis obsesiva, relaciones de objeto y mecanismos de defensa"[1] y al que responde en su Seminario sobre Las formaciones del Inconsciente, así como en su texto de los Escritos "La dirección de la cura y los principios de su poder"

El principio fundamental de Bouvet
Bouvet se refiere a una clínica de la relación de objeto enteramente basada en la relación imaginaria del sujeto con sus objetos tratados en términos de entorno y del mundo exterior. Este principio que plantea la prevalencia de lo imaginario tiene efectos en todo el campo de la clínica psicoanalítica tanto desde el punto de vista del diagnóstico como de la dirección de la cura y del fin del análisis.

La cuestión del diagnostico
Bouvet siguiendo a Abraham distingue dos fases para explicar la neurosis obsesiva. Una fase sádica anal conservadora en que domina el deseo de posesión y de conservación del objeto. La neurosis obsesiva es estabilizada en esta fase de conservación donde el sujeto no incorpora más que una parte del objeto . Una segunda fase llamada sádica anal destructiva.

Bouvet está en una clínica de la continuidad en que el grado de regresión de la relación de objeto determina el pasaje de la neurosis obsesiva a la psicosis. La regresión de la neurosis hacia la psicosis obedece a que el yo débil del paciente no alcanzó la madurez genital [2], definiendo esta la normalidad, el estándar al que se apunta en la cura. Frente a un riesgo tal de regresión , el autor aboga por una orientación de la cura en la cual se trata de mantener , relaciones de objetos de tipo conservadora, ellas aportan al sujeto satisfacciones narcisísisticas y hacen barrera "al vértigo de la regresión sin límite"[3] que amenaza al obsesivo con caer en la psicosis. Citaré el ejemplo de un analizante del cual Bouvet se muestra muy optimista: "Devoro a todos aquellos que me rodean y a usted también, quisiera abrirlo, sacudirlo, extraerle lo que usted tiene en el cráneo (...)Me digo que soy una sucia bestia y sin embargo es una suerte de amor, pues yo lo amo destruyéndolo(...)Usted no me rechazó, usted me comprendió, y yo me siento en comunión con usted., accedo al sentimiento de mi libertad y de mi dignidad."[4] Y Bouvet concluye que el éxito que constituye esta "relación de objeto auténtica, pero de sujeto a un objeto narcisístico" que habría permitido "aumentar el sentimiento de potencia del yo, asegurándole un contacto con la realidad" [5]

Bouvet lee a Lacan
Con el apoyo de su tesis Bouvet cita a Lacan, haciendo alusión a su texto "El estadio del espejo...". Según Bouvet, Lacan leería la neurosis obsesiva como resultado de un trastorno dirigido a las primeras actividades de identificación del yo, "el esfuerzo de restauración del yo se traduce en el destino del obsesivo por perseguir la totalización, el sentimiento de su unidad"[6]. Sin embargo, en el pasaje al que parece referirse Bouvet, Lacan trata por una parte del yo (moi) y por otra parte del yo (je). Aborda el primero evocando la cuadratura inagotable de los recubrimientos del moi en la relación de alienación especular que el sujeto establece con el otro, mientras que los síntomas de la neurosis obsesiva traducen en el plano mental el campo recortado donde se simboliza la formación del yo (je) [7] y donde el obsesivo se encierra. El malentendido es total. Mientras que Lacan critica la torre de marfil en la cual el obsesivo se aísla con sus objetos, ‘Bouvet por el contrario se hace aliado de la estrategia obsesiva reforzando la relación narcisística del sujeto con lo objetos. En esta relación narcisística, no hay huella del deseo del otro. Si hay otro, está reducido a lo mismo. La cura se ordena en torno de la fortificación de las murallas del yo (moi) construidas con el modelo del yo (moi) fuerte del analista, modelo con el que se mide la cura. Por el contrario, desde 1949, Lacan dibuja el deseo del otro como viniendo a mediatizar la relación del sujeto con sus objetos. Por un lado una medida estándar, la del yo(moi) fuerte del analista modelo patrón, del otro el deseo del analista.

Le falo
La articulación entre la demanda y el deseo gira entorno de la función atribuida al falo. Allí, dos principios se oponen: por una parte la función eminentemente imaginaria que Bouvet da al falo, y por otra su función signifícate ligada al deseo en Lacan.

Para Bouvet, la apuesta de la cura es resolver la antinomia que hace al corazón de la neurosis obsesiva entre por un lado la necesidad de mantener relaciones de objeto y por otro la tendencia a la incorporación destructiva del objeto. El primer ser que viene a responder a la necesidad narcisística del sujeto es la madre, evocada como imagen fálica, luego la sustitución será todo ser u objeto que asegure las necesidades narcisistas del neurótico. Pero el obsesivo busca a este personaje fabuloso, al mismo tiempo que le huye. [8] Es en el orden de la necesidad, de la demanda y de la destrucción que se juegan las relaciones del sujeto con el Otro. Este Otro satisface la demanda colmando la pura necesidad. Pero en el mismo movimiento en que el Otro lo colma, el sujeto se encuentra confrontado a su propia demanda, la de apropiarse de la sustancia vital, provoca entonces la destrucción del Otro y con ella el miedo a que esta destrucción se vuelva contra él mismo. Esta tesis encuentra algún eco lejano con la que Lacan despliega seis años mas tarde cuando trata el deseo obsesivo para quien "El problema es(...) dar soporte a este deseo – que para él condiciona la destrucción del Otro, donde el deseo mismo viene a desaparecer"[9]

La dirección de la cura
Pero frente a esta destrucción, la diferencia se vuelve esencial en lo que concierne al lugar que ocupa el analista en la cura. "En la perspectiva del autor –resume Lacan - , la cura de la neurosis obsesiva gira enteramente en torno de una incorporación o introyección imaginaria de este falo que aparece en el diálogo analítico bajo la forma del falo atribuido al analista, al cual se refieren todos los fantasmas."[10] y asistimos a una proliferación de los fantasmas fálicos que aplastan la cuestión de la castración del Otro.

Todo el esfuerzo de Bouvet tiende a permitir al obsesivo pasar de una relación de objeto "truncada" donde le comercio con los otros está dictado por la ambivalencia entre el miedo y la necesidad de reaseguramiento narcisista, a una relación de objeto marcada por "satisfacciones totales, con un intercambio humano completo entre ellos y los de los demás"[11]. Para esto, se trata de mantener "una distancia óptima entre el sujeto y el objeto"[12] siguiendo la técnica del "acercamiento" que se traduce por la producción de fantasías sádicas de las que es objeto el médico; (...) la aparición de estos fantasmas coincide regularmente con una mejoría de la situación de transferencia, quiero decir con esto –explica Bouvet – que el enfermo reacciona como si el sentimiento de una suerte de comunidad entre su analista y él volviera su contacto afectivo más sustancial, más fácil."[13]

Bouvet, a través del caso de Paul, da una muestra de esta técnica del "acercamiento". Paul tiene 25 años cuando consulta al doctor Bouvet. La importancia de la sintomatología obsesiva no le permite ya entregarse a ninguna actividad. Los primeros trastornos aparecieron cinco años antes, luego de un sueño en el cual su madre se inclinaba sobre él y tenía una eyaculación. A partir de este momento, siente que está marcado por "una falta indeleble", evita todo pensamiento relativo a su madre mientras que se instalan obsesiones invalidantes.

El primer tiempo del análisis es el del acercamiento. Luego de haber combatido victoriosamente a su analista en una reactualización fantasmatizada del conflicto edípico en el hic et nunc de la cura. Paul produce fantasías dominadas por el tema de la introyección del falo de su analista: "Muerdo su sexo, tengo relaciones sexuales con usted jugando un papel activo, tomo lo que hay en el interior de su cuerpo", estas fantasías se mezclan con fenómenos de proyección: "Salto fuera de mi piel para arrojarme en usted" [14] En lo que concierne a este vaivén entre introyección y proyección, Lacan explica muy claramente que la introyeción es simbólica, la proyección es imaginaria [15]. Bouvet no mide que cuando Paul lo introyecta, es en tanto que representa al otro como lugar de la palabra, aquel por el cual debe necesariamente pasar su demanda, el puro objeto de la necesidad no puede ser aprehendido pues debe pasar por el filtro del lenguaje. Dejando la respuesta derivar hacia la elaboración de un fantasma de felatio, la introyección se torna un fenómeno imaginario.

Cuando el analista guía la cura interpretando en términos de dar el objeto, el falo imaginario, esto deja en el margen la cuestión de la x del deseo del Otro, no deja ningún lugar a la cuestión enigmática de lo que el Otro quiere.

Sigue un periodo en que la madre de Paul se sustituye al analista en los sueños del joven. Ella está allí presente con sus caracteres fálicos nos dice Bouvet, y este tiempo del análisis se concluye con el siguiente sueño: "había en el sueño una confusión entre mi madre y yo, je tenía sus senos pero al mismo tiempo, continuaban siendo suyos –¿lo que yo sentía? El fin de todos mis tormentos, pienso que es lo que debe sentir un bebé, una sensación inefalbe e indecible de unión, nada más existe, todo está terminado, consumado, el sentimiento de la unión que siempre anhelé con la mujer ideal de mis sueños, un sentimiento de beatitud, de la felicidad perfecta, una confusión absoluta", esto no deja de evocar la inmovilidad aureolada de la nada del fin último. Y Paul agrega "me imagino tener un sexo como una mujer, siento una impresión muy dulce de penetración"[16] La imago de la madre fálica se sustituye a la imago no menos fálica del analista, medida estándar, escala de la cura a la que se trata de acercarse lo más posible; y es finalmente como se termina la primera fase del análisis de Paul, por medio de la identificación beatífica a esta imago fálica, a la que nada falta, "en una confusión absoluta".

En nuestro sujeto, imaginarse tener el sexo como una mujer y sentir la dulzura de la penetración aparece, en este contexto de fantasmas fálicos, como una tentativa para canalizar su miedo de lo que es Otro, Otro castrado en la época del Seminario V, pero también Otro desde el punto de vista del goce si leemos este caso con el Lacan de Aún: "La feminización" de Paul aparece como una consecuencia de la cura y no deja de evocar el proceso que conduce a Schreber, al término de su delirio, a consentir en devenir la Mujer de Dios, para sostener y dar estatuto a este goce Otro que lo atraviesa. En su Seminario, Lacan retiene este señalamiento de Bouver que compara este punto de la cura con "la comunión religiosa donde se traga sin masticar"[17], éxito del acercamiento donde la distancia se reduce a cero. Reconoce "que algo ocurre efectivamente en un análisis así conducido como una suerte de ascesis"[18] pero la cuestión del deseo queda allí en suspenso.

El fin de la cura
Durante la segunda fase de su análisis se despliegan los procesos de identificación genital marcados por un cambio de la relación de objeto que, "de parciales y narcisistas devienen globales y adultas"[19] Paul está en el buen camino hacia el estándar. Bouvet se alegra de constatar que su analizante, mientras que viene de fracasar en un examen insuficientemente preparado, viendo la pena que este fracaso provoca en su compañera, "se sintió amado y se confirma en él el sentimiento de otro en tanto que tal. Fue atravesado por la piedad,= por una necesidad inmensa de protección, por un deseo de dar y de consolar (...). En el mismo tiempo, liquidaba co migo el miedo que yo le inspiraba por el hecho de los deseos incestuosos que había transferido sobre una pareja de la cual yo habría formado parte. El proceso de identificación genital se continuaba."[20]

Esta conclusión optimista puede leerse a la luz de lo que Lacan avanza entonces sobre la contratransferencia constituida por "los prejuicios del analista, dicho de otro modo, el fondo de las cosas dichas o no dichas sobre las cuales se articula su discurso"[21] Es con "este fantasma del obsesivo de sí mismo incomprendido" que Bouvet dirige el análisis de Paul. "todo para el otro, mi semejante profieren sin reconocer allí la angustia que el Otro inspira por no ser un semejante.’[22]

En función de la manera en que el analista opera con la demanda del analizante, la cura de desplegará en el registro de la sugestión o en el de la transferencia, y las consecuencias sobre el fin del análisis se declinarán en términos de identificación al objeto o de deseo.

Palabras clave: Bouvet, relación de objeto, transferencia

 

Traducción: Silvia Baudini

Notas
1- Bouvet Maurice, La relation d’objet, névrose obsessionnelle, dépersonnalisation, œuvres psychanalytiques, Tome I, Payot, Paris, 1972.
2- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., p.84.
3- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit. , p.84.
4- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., , p.104.
5- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit. , , p.105.
6- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., , p.85
7- Lacan Jacques, « Le stade du miroir comme formateur de la fonction du Je », Ecrits, Seuil, Paris, 1966, p.97-98.
8- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., , p.105.
9- Lacan J., Le Séminaire V, Les formations de l’inconscient, Seuil, Paris, 1998, p.403.
10- Lacan J., Le Séminaire V, op. cit., p.388-389.
11- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., p.96.
12- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., p. 117.
13- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., p. 122.
14- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., p. 133.
15- Lacan J., Le Séminaire V, op. cit., p.402.
16- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit. , p. 135.
17- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit., p. 135.
18- Lacan J., Le Séminaire V, op. cit., p.390.
19- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit. ., p. 145.
20- Bouvet Maurice, La relation d’objet op. cit. , p. 147.
21- Lacan J., Le Séminaire V, op. cit., p.390.
22- Lacan J., « La direction de la cure et les principes de son pouvoir », Ecrits, op. cit. , p. 615.

 
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