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Curso del miércoles 25 de marzo de 2009

Jacques-Alain Miller: Cosas de finura en psicoanálisis XIII

Esta vez va a ser un poco diferente. Tuve la ocasión de encontrarme esta semana con un colega psicoanalista, que es el último que fue nominado Analista de la Escuela, AE, por la Escuela de la Causa freudiana. Algunos de ustedes lo conocen, ya lo han escuchado, se trata de Bernard Seynhaeve. Conforme al reglamento de esta Escuela él asegura una enseñanza y ya he tenido los mejores ecos de ella. Además, lo escuché durante el congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis el año pasado y aporté algunos comentarios a su exposición puesto que yo presidía la mesa de los Analistas de la Escuela nominados entre el congreso precedente y este. Entonces le pedí de darnos hoy un fragmento de su trabajo que me envió por mail.

Es por lo tanto alguien que ha hecho el pase -del que hablo este año- y lo ha hecho de una manera que satisfizo a un jurado. Primer punto. Hace actualmente el pase de después del pase, aquel donde se trata de satisfacer no sólo a un jurado sino a un público. Un público informado, concernido, un público que vibra porque está compuesto en gran medida sino en su totalidad por personas que hacen o han hecho un análisis, y de los cuales un cierto número se plantea la pregunta de lo que hacen o hicieron en análisis, de cómo terminarlo, de cómo se presentará para ellos el final. Por lo que escucho, delante del jurado que constituye un público, él da satisfacción. Es el segundo punto. El tercero, es que yo monologo desde del comienzo del año. Puedo continuar así, voy a continuar así, pero como decía Lacan, un pequeño relevo es bienvenido. Cuento con él para aportármelo. Además, con su acuerdo, voy a ofrecerlo a la discusión.

Yo, aquí, no respondo a preguntas. Puedo preguntarme por qué. Permítanme decir que no es porque no me guste incluso porque no tenga el talento -me divierte mucho responder preguntas- pero según mi modo de ver para que la cosa marche para mí me hace falta un presidente de la sesión, alguien que fije o que encarne la regla del juego sobre quien yo pueda apoyarme, que pueda tomar como testigo de la pregunta que se me hace. Para responder preguntas necesito alguien a mi lado. Incluso me siento legitimado para decir que sé responder a preguntas puesto que justamente el año pasado, luego de ese congreso de la AMP, afronté en español las preguntas de mil setecientas personas. Pero tenía a mi amigo Ricardo Seldes como presidente de mesa. Es que para mí aquel que responde y aquel que preside, son dos roles, y es necesario de cierto modo que aquel que responde sea igual a aquel que pregunta o al menos que pueda engancharse un circuito entre los dos. Y para mí, eso perturba las líneas cuando debemos al mismo tiempo ser el que responde y el árbitro del asunto. En un grupo pequeño respondo con gusto a preguntas sobre lo que he podido decir, peor es sin duda que los efectos de escena son instantáneos. Hay siempre un elemento de comedia, y para poder hacer la mía en las repuestas a preguntas, me hace falta un compadre, me hace falta el presidente de mesa.

Por lo tanto, esta vez para Bernard Seynhaeve, yo oficiaré de presidente de mesa y a partir de allí podré dar la palabra, como decimos, a la sala. Yo soy prudente, me aseguré que hubiera uno o dos voluntarios (risas). Pero todo esto es improvisado, los alerté solamente ayer a la noche y eso no debe impedir a nadie que se exprese de igual modo.

Entonces, que yo no esté solo para decir algunas palabras con respecto de esto es tanto más oportuno puesto que estoy implicado en el discurso de Bernard Seynhaeve. No tengo razón para esconderlo puesto que un cierto número de ustedes saben y no veo por qué validar el saber de uno y la ignorancia de los otros, estoy implicado, en su discurso a título del analista. Por lo tanto estoy en el banquillo. Es lo que me interesa. Quisiera asegurarme que mis reflexiones, que puedo presentarles cada semana, son congruentes con mi práctica de analista. Dicho esto, nunca es más que una muestra, pero puesto que es aquel que la Escuela de la Causa freudiana ha validado recientemente, vale como tal.

No tengo la clave de lo que digo incluido lo que digo como analista.

Es por lo cual Lacan quería que el analista no sea aquel que recibe el testimonio del pasante, del analizante que ha terminado, y él pensaba que fueran otros lo que debían juzgar. La antigua costumbre que continúa prevaleciendo en las asociaciones analíticas que no admiten la teoría y la práctica del pase, la costumbre es que un analista empuje a la promoción de algunos de sus paciente que el estima, en general, se pide igualmente que el conjunto de los analistas de tal asociación tenga el testimonio de capacidad del candidato. Mientras que en el pase, lo que se revela regularmente por el relato, el testimonio como decimos, de los pasantes, es de una dimensión que frecuentemente escapa al analista. Hay elementos del testimonio de Seynhaeve, que escuché el año pasado, donde aprendí lo que había hecho, donde aprendí el efecto que yo había podido hacerle en tal o cual momento.

Por lo tanto, el pase supone que tenemos la clave de lo que decimos. Yo no tengo la clave. Yo debía por otra parte esta tan habitado por esta idea que ayer, volviendo, me di cuenta que no tenía mis llaves conmigo (risas). Por lo tanto eso llega lejos. No sabemos lo que decimos. Es el auditor el que decide del sentido del discurso que se le dirige.

Por otra parte es una verdad que le recordaba al papa -con el cual no tuve ocasión de encontrarme, no todavía, pero se lo recuerdo por vía de la prensa-. Lo evoqué la última vez.

Como es el papa, evidentemente me doy cuenta que todo el mundo camina pisando huevos. Las preguntas que he recibido de la revista Le Point eran de hecho preguntas provocadoras del tipo: "¿pero finalmente, esas declaraciones desgraciadas, pueden imputarse a la edad del papa?" (risas). Por lo tanto respondí a estas preguntas con un pequeño texto breve y luego la dirección suprimió las preguntas -no quieren que aparezcan, no quieren comprometerse- y esto me obligó a modificar ligeramente mi texto para que pueda ser leído sin interrupción. Pero me dije: ¡oh!, si ellos son tan prudentes sin duda es necesario que yo también lo sea (risas). Entonces, esta verdad que es que el auditor decide el sentido del discurso que se le dirige, es una verdad lacaniana, que está mas o menos así formulada en un escrito de Lacan que he señalado hace mucho tiempo pero, en vista de las circunstancias, he puesto esta verdad bajo la égida no de Lacan sino de Loyola (risas), Ignacio de Loyola. En efecto, si esto se dirige al papa hay que hablarle un lenguaje que pueda admitir. Entonces, evidentemente la opinión se divide entre a favor y en contra del papa. Yo, en algunas frases que serán publicadas mañana trato de no ser situado, de no ser enganchado en el a favor o en contra. Veré las reacciones, si llegué o tengo sobre mi espalda a la vez a los a favor y a los en contra.

Dije amablemente: El papa está enfermo de la verdad. Es honorable. Pero en fin hay que decir que es el caso de cualquiera. Simplemente agregué. Está enfermo de la verdad como Alceste -el Alceste de Molière, aquel que la verdad obliga, creo, a decir sus cuatro verdades a todo el mundo-.

Es un papa, hay que decir, que visiblemente no maneja el arte del medio decir, de decir a medias -y este arte es tanto más necesario cuando se va a contra corriente de una opinión mayoritaria-. No hay que decir el todo, es incluso saber dónde se pone el acento. Es lo que vemos en la experiencia analítica: hay enunciados sobre los cuales se pone el acento, no son forzosamente aquellos donde pensamos ponerlo sino es el auditor quien decide, en ese caso el analizante. Es como en los contratos, ¿no es cierto? Hay que poner atención en lo que está escrito en letras pequeñas: es el engaño de los contratos, atraen la atención sobre el cuerpo del texto y luego el diablo se esconde en lo que es más difícil de descifrar, eso queda dicho, pero hicieron todo para que no atraiga la atención.

Claramente el papa no conoce bien este arte. ¿Cómo decirlo de un modo a la vez bien francés y que pueda ser escuchado en el Vaticano? No es lo suficiente jesuítico (risas). Por otra parte, recuerden que su rival en el momento de la elección era un jesuita, el cardenal Martín, que estaba en carrera. Pero ganó el cardenal Ratizinger, con una reputación extraordinaria, una mecánica intelectual bávara impecable -incluso lo llamaban el Panzerkardinal-. ¡Estupefacción! Lo que se trata de explicar es cómo el Panzerkardinal se volvió Benoît la Gaffe. Y bien, es esencialmente porque no leyó a Lacan (risas), porque no meditó a Loyola o más acá porque no me parece haber adquirido el saber que encontramos ya en el De Oratote de Cicerón.

Se le reprocha falta de comprensión, de compasión de caridad. ¡Puf! ¿Quién va a hacer un sondeo de los corazones sobre la cuestión? Lo que podemos reprocharle es no tener las buenas palabras que hacen falta: yo soy materialista en la materia, perdónenme, no hay buenas palabras. Lo menos que podemos esperar de un papa es que tenga un manejo de la retórica conforme a su posición. Y por lo tanto es la demostración que se puede ser inteligente, muy cultivado, un razonador excelente como teólogo -es un as del concepto-, pero el bien decir es completamente otra cosa. Observamos aquí los límites de la inteligencia y constatamos que este hombre que desde el punto de vista del concepto es ciertamente el mejor formado de todos los papas de los que he podido seguir la carrera desde el fin de la guerra, constatamos que alcanza la cumbre del mal decir. De allí el sentimiento general, incluso entre los suyos -me he informado sobre las reacciones de los medios romanos-, de allí el sentimiento general que el papa dice sandeces (risas). No hace su trabajo -incluso aquellos que comparten sus opiniones deben constatar que no las hace pasar-. Pero en fin, no se escriben cosas como esas, se dice: el papa está enfermo de la verdad.

Hay una expresión inglesa que me gusta mucho que es to factor in, en francés es tomar en cuenta pero es más precisa, es hacer entrar en un cálculo un factor. Claramente hay factores que no hace entrar, por ejemplo las reacciones que va a obtener y que evidentemente estropea el aura de respeto de la que está rodeada en general esta posición.

Entonces, lo que no he tocado -porque es quizá lo que se esperaba de mí y porque yo no quería tomar partido sobre esa cuestión en un órgano de prensa como ese- es que evidentemente la sexualidad molesta a la Iglesia. Es bien conocido pero ahora alcanza la cima.

Comprendemos que se opongan al aborto en la línea del valor de vida, de vida como valor, que se ha vuelto un significante amo del discurso religioso -no lo fue siempre y podemos preguntarnos a partir de cuando la vida se volvió un valor-. Por lo tanto, comprendemos que oponerse al aborto forme parte del discurso y en el fondo nadie se lo reprocha a la Iglesia, allí donde tironea verdaderamente es con la proscripción de los medios anticonceptivos.

Es de otro orden
No concierne directamente el valor de vida si no habría que ir de la protección del feto como ser humano de pleno ejercicio desde el primer segundo de la concepción hasta la protección del espermatozoide, lo que parece abusivo. Es de otro orden y no se apoya -es el razonamiento de un teólogo, belga por otra parte, esta semana-, no se apoya en la Biblia más que sobre la proscripción del gesto de Onan. Hay un pasaje único de la Biblia donde en efecto esta operación de goce solitario aparece muy muy mal vista por la autoridad superior, pero en fin, no hay más que eso, desde el punto de vista teológico, se apoya en bastante poco. Y por lo tanto, hay una conexión claramente abusiva, establecida entre la protección del valor de vida y una posición que es verdaderamente anti sexo -no se puede decir esto de otro modo-, una posición anti goce sexual, que en efecto es difícilmente aceptable.

Si la Iglesia no llega a encontrar retóricos que puedan negociar esta dificultad, hay allí un peligro -es la primera vez que puedo sentir esto-, existe allí un peligro para la compacidad, la consistencia de la manada.

Entonces, ¿por qué una posición anti goce?

Se dice que el discurso religioso se apoya allí en una cultura del sentimiento de culpa -para decirlo en términos analíticos- y que se trata de dividir al sujeto con el fin de obtener el sentimiento de culpa.

Evidentemente, en el psicoanálisis en la relación con el goce tratamos por el contrario de llevar al sujeto a un no-culpable, a un cierto permiso en cuanto al goce.

Por esa razón nunca estuve encantado cuando en un momento dado, que yo mismo señalaba en Freud y Lacan, hace mucho ya se había traducido eso así -estoy obligado a constatarlo, es así como fue entendido- que en el análisis se va contra el goce.

Nunca suscribí eso.

Eso es lo que claramente hace el papa, es el discurso religioso actual.

Se trata por el contrario en el análisis de una cierta -entre comillas- liberación del goce, en el sentido en que está fijado, condensado -en particular bajo el modo que Lacan llamaba el objeto a minúscula-, y se trata más bien de fluidificarlo, si puedo decirlo, de descondensarlo.

Entonces, ahora voy a darle la palabra a Bernard Seynhaeve. No agrego más que una palabra: estoy implicado, pero en fin, no es la exposición de mi método (risas), no hay ninguna razón para suponer que mi manera de hacer con él haya sido igual con otros. Pero eso no le quita nada, agrega por el contrario a la pertinencia de lo que él aporta y es para hacer reflexionar, y espero que para hacernos reflexionar a nosotros mismos. Bernard Seynhaeve le dejo el micrófono.
Bernard Seynhaeve: Su propuesta para que participe en su curso fue una sorpresa para mí, no lo esperaba, se lo agradezco. Me propongo hacerles un resumen del punto en que estoy en mi elaboración algunos meses después de haber sido nominado AE. Les hablaré de dos cosas, primeramente de la lógica de mi cura. Intentaré luego descomponer el instante del final y mi demanda de pase.

Primero la lógica de la cura.

Del modo más simple diré que mi análisis, reducido a su tiempo lógico elemental, se desarrolló entre dos interpretaciones. Entre estas dos interpretaciones se sitúan las circunvoluciones del inconciente transferencial. El sujeto hace la experiencia de la sustancia gozante oculta en el parloteo. Era necesario.

Veamos esto. Al comienzo está la transferencia. Entiendo aquí el concepto de la transferencia como lo formuló Jacques-Alain Miller en su curso de hace dos semanas. La transferencia en tanto que apego especial a una persona. Es necesario este apego a una persona para que se puedan producir transformaciones.

La transferencia estaba allí incluso antes del encuentro con mi analista. Es bastante simple, yo sabía que era él. No lo desarrollo más.

Estaba por lo tanto apegado a mi analista cuando surge la interpretación del tiempo cero, la primera, bien al comienzo de mi análisis.

Para mí, la precipitación del síntoma fue brutal. Me introdujo de entrada en la pregunta por la castración.

Jacques-Alain Miller: Tal vez usted pueda precisar que usted tuvo otros analistas anteriormente.

Bernard Seynhaeve: Sí, es así, de hecho yo tuve tres analistas, se trata por lo tanto aquí del primer analista.

Por lo tanto, esta pregunta se planteó brutalmente y vendrá a formularse a partir de esta primera secuencia.

Luego de dos años de cura a la salida del consultorio de mi analista, este me miró directo a los ojos y con un estilo que le es propio, esbozando su sonrisita bien conocida, me preguntó: "¿Qué es eso, esa pequeña cicatriz en su mejilla?". "¡Oh!, algo banal, un pequeño quiste cutáneo que me hice quitar". Y de manera fuerte me dijo: "Usted tendría que haberme hablado de eso".

A partir de esa mirada del analista fijándome en los ojos comenzará a desplegarse la huella pulsional del objeto mirada, trazado que se cerrará veintitrés años más tarde del mismo modo.

En esa época, recibí esta primera interpretación como una cachetada. Me sacudió sensiblemente y me sumergió en la angustia. La noche siguiente tuve una pesadilla.

"Deambulo por el corredor del Refugio de la Santa Familia -es el hospital donde mi madre dio a luz a todos sus hijos-. Este corredor tiene la forma de la letra "L", los mosaicos tienen forma de damero, mosaicos inestables, negros y blancos. Me desplazo cuidando de no caminar por las junturas. Siento de repente la necesidad imperiosa de orinar. Los baños se encuentras en el ángulo de la "L". Se presentan con dos puertas, una en cada lado de la "L". Hay que elegir una puerta. Penetro en los baños y me pongo a orinar en el inodoro sin poder detenerme. El inodoro desborda y me despierto orinándome en la cama".

Esta interpretación del analista -"Usted debería haberme hablado de la castración"- tendrá varias consecuencias. A partir de este instante el analizante que yo era conocerá un descenso a los infiernos. Va a instalarse de manera duradera una fobia para acostarme. Comenzaría a temer que esta crisis accidental de enuresis se reproduzca. Y cuando a pesar de todo lograba encontrar el sueño sería para despertarme sobresaltado con el tormento de un sueño de castración. Y esto perdurará varios años.

Tres señalamientos en lo que concierne a esta interpretación.

El primero. Esta interpretación del comienzo es una interpretación a mi juicio lacaniana en la medida en que toca lo real, en el corazón mismo del goce del parlêtre. Señalo también el hecho de que ella fue para mi el punto de Arquímedes de la cadena significante, el "¡fuego!, ¡salgan!" de la cura. Comienzo de la temporada del cifrado-desciframiento. Entramos en la dimensión del inconciente transferencial.

Segundo señalamiento. Esta interpretación sólo pudo tener valor de interpretación porque yo creía en el inconciente.

Tercer señalamiento. En el fondo, cualquiera de mi entorno hubiera podido hacerme la misma observación que mi analista. No hubiera tenido el mismo efecto fulgurante. Era necesario ese lazo, ese apego especial al analista. Hacía falta la transferencia.

Por lo tanto si descompongo esta primera secuencia diría: hay trasferencia para que pueda haber allí interpretación, gracias a la cual hay precipitación del síntoma, a partir de ese momento se pone en marcha la cadena significante, cifrado-desciframiento, inconciente transferencial.

Del modo más simple, escribo esto:

S1 - S2

Luego hubo el largo río de tormento, de ningún modo tranquilo, de mi recorrido analítico. Sigamos.

Estaba por lo tanto en mis operaciones de cifrado y de desciframiento, analizante dócil como era: S1 - S2.

Como buen analizante disciplinado respetaba la regla analítica e intentaba deslumbrar a mi analista con el material de mis fantasmas ya machacados tantas y tantas veces. Continuaba machacando mis fantasmas de adolescente pensando que aún no había agotado la sustanciosa médula. La interpretación del analista vino después de la larga circunvolución analítica -la interpretación número dos-. Cortó la sesión y en el momento de separarnos, sentado en su silla, apaciblemente, me detuvo un instante aún, me miró fijo a los ojos y me dijo: "Usted ama demasiado sus fantasmas". Esta frase produjo un sismo subjetivo sin que yo comprendiera nada. Al lo sumo me sentí atrapado en una falta por gozar contando mi fantasma. El analista había tocado la raíz de un goce ignorado por mí mismo. Esta interpretación me sumergió en una profunda angustia, una angustia loca que perdurará dos años. Me preparaba para un atravesamiento del desierto. Ya no me atrevía a hablar. Se me hizo imposible elaborar uan cadena significante. Detención de la cadena, corte radical entre S1 y S2. Atravesamiento del desierto

Hice la experiencia de la vanidad del sentido. Toda articulación significante produce sentido y goce. Nada vale la pena de ser dicho cuando uno se da cuenta de ello. Zambullida en el espacio del vacío, del silencio.

Venía máquinalmente a mis sesiones. Desplazaba mi cuerpo, iba al encuentro de otro cuerpo, mi cuerpo tomaba el TGV de las 15 horas, luego el subterráneo, tocaba el timbre, sala de espera, angustia, chirrido del picaporte. Silencio.

Los ruidos de la boca, los bostezos, el soplo de la respiración, los suspiros, el frote de los pies, todos esos ruidos del cuerpo emitidos por el analista, y normalmente apenas perceptibles, se volvieron ensordecedores. No quedaba más que la pura presencia de dos cuerpos silenciosos. Dos cuerpos se encontraban, se daban la mano, uno se acostaba, no decían nada, luego se separaban hasta la semana siguiente. La angustia era tan fuerte llegado el caso que el analizante que yo era se sorprendió un día escapándose de la sala de espera.

Profunda soledad. Soledad radical.

Esta interpretación número dos tuvo su efecto boomerang dos años más tarde. Dos años de atravesamiento del desierto de mi fantasma. Dos años más tarde me daría cuenta que yo gozaba del sentido, de parlotear. Este descubrimiento fue correlativo de otro. El inconciente interpretó bruscamente remitiendo el temor a los golpes del analista al amor del padre. Produjo entonces un efecto de conmoción que expulsó al sujeto fuera del esquema del fantasma conciente. Se había producido una inversión gramatical que remitió al sujeto al piso de la enunciación, el del fantasma inconciente. El lugar de los actores se encontró transformado. El temor a los golpes del analista se mudó en deseo de los golpes, deseo que velaba el del sujeto de ocupar el lugar de la mujer violada en su fantasma inconciente. Una punta del velo se había levantado y el sujeto había sido capturado. Tal fue el efecto producido en la retroacción de esta interpretación número dos del analista.

Este descubrimiento tuvo un efecto fulgurante. La angustia cayó. Esa ganancia de saber se produjo varios mese antes del fin del recorrido. Propulsó al analizante que yo era y quise entonces hacer el pase. Mis ardores fueron atemperados por mi analista: "Aún no está terminado". Debía hacer un paso suplementario. Hacia lo real.

Quisiera retomar este segundo tiempo completando lo que he puesto en el pizarrón. Del modo más simple, tenemos esto:

S1 - S2 → S1 // S2

Algunos señalamientos.

Primer señalamiento. Subrayó un doble movimiento.

Primer movimiento. La puesta en marcha del inconciente transferencial en la dimensión del cifrado y del desciframiento es la consecuencia de una primera interpretación que produce la precipitación del síntoma. Esta primera interpretación pone el dedo sobre lo real, pone la castración en la escena y engancha la cura en el fantasma.

Segundo movimiento. Este corte radical entre S1 y S2 permitió que la experiencia vaya hacia su fin, hacia la caída del sujeto supuesto saber. El acto de corte de la máquina significante, la detención del cifrado y del desciframiento precipitó al parlêtre en el área del inconciente real.

Segundo señalamiento. Considero que esta interpretación no puede encontrar su pertinencia más que en el contexto de una cura lacaniana. No podemos demostrar la estructura y la pertinencia sino gracias a la lectura que nos hace Jacques-Alain Miller de la última enseñanza de Lacan. Esta intervención, a mi entender, forma parte integrante del acto analítico en el sentido en que Lacan produce su tesis del pase en 1967, es decir del pasaje del psicoanalizante al psicoanalista. Es lo que voy a desarrollar ahora.

Tercer señalamiento. Ciertamente, estas dos intervenciones son ambas interpretaciones. Sin embargo, percibimos que no tienen los mismos efectos incluso si tiene el mismo estatuto: levantar un trozo del velo, el acceso a lo real. Pero la primera interpretación inaugura la cura en la dimensión del inconciente transferencial. La segunda hace posible el advenimiento del inconciente real. Propongo por lo tanto no designarlas con el mismo significante.

Hacia lo real.

Esta segunda interpretación mayor de la experiencia analítica permitirá que la experiencia pueda detenerse un día.

Quisiera ahora descomponer este tiempo del final de la experiencia poniendo en exergo los dos momentos de oscilación subjetiva que lo escanden. El primer momento de oscilación subjetiva tuvo lugar en el marco analítico. Estos dos momentos subjetivos particulares se producen en ocasión del surgimiento de lo real. Se sitúan en el umbral de dos franqueamientos, en el umbral de dos decisiones determinantes para el destino del sujeto.

Por lo tanto, estoy allí en el instante del final de la cura, me sitúo en ese momento precisamente.

El primer momento de oscilación subjetiva se sitúa en la interfase del surgimiento de un "es eso" y de su corolario: el "se terminó" de la salida.

El segundo momento de oscilación subjetiva se sitúa en la interfase de la decisión de salida y de su consecuencia, el pase. "Si se terminó, entonces el pase".

Quiero resituar estos dos momentos de oscilación subjetiva localizándolos en alguna parte en el movimiento de los tres tiempos lógicos de mi demanda de pase.

Hubo el tiempo 1 de la puntuación -"Es esto, se terminó"-, al que sucedió el tiempo 2 de la decisión de presentarse al pase, necesariamente ligado al tiempo precedente. Hay un tercer tiempo: el de la transmisión.

Uno, dos, tres. Retomemos

Uno: "Es eso, se terminó".

Yo estaba por lo tanto en el corte radical entre S1 // S2. El Uno aislado del Otro.

Algunos meses más tarde, se sucedieron los dos sueños del final, hacía mucho tiempo que yo no soñaba.

Me detengo en el último. Aquí está.

En el cuadro uno, el analizante está dormido en el diván de su analista. Sale entonces de un largo y profundo sueño. Al abrir los ojos percibe a su analista sonriente, sentado esta vez al pie del diván. El analista lo mira directo a los ojos. El analizante le hablaba sin duda durante su sueño pero sin saber lo que le decía. Luego el analizante dice a su analista: "Se terminó, yo he terminado".

El cuadro dos ocurre en la sala de espera donde el analizante espera su turno. Hay un barullo en el corredor. No es como habitualmente. Ocurre algo importante. El analizante no comprende. Quiere comprender y va a informarse. Se entera que es un día de duelo. El analista perdió a alguien cercano. Hay una mesa de autopsia e instrumentos. La caja craneana está abierta. Alguien retira del cráneo una masa gelatinosa y la apoya sin cuidado sobre una silla. El analizante se acerca y percibe un bloque de paté de cabeza. Los empleados de las pompas fúnebres se llevan el cuerpo.

¿Qué era ese paté de cabeza (pâté de tête)? No le hizo falta a este analizante mucho tiempo para reconocer allí el "pater" al que le había bastado al sujeto con quitarle la "r" para que quede un "paté", un bloque de gelatina sin ningún interés.

Ese momento de sueño del final de cura presenta una doble característica.

Primeramente, el soñador interpreta: la mirada, el objeto pulsional privilegiado por el sujeto que se sitúa ahora en el campo del Otro, cae. La pulsión termina aquí su recorrido. Es una puntuación que pone fin al episodio analizante. En ese sentido, podemos decir aquí que "el análisis esta terminado".

En segundo lugar, hay que entender el final como un acontecimiento contingente. Eso cesa de no escribirse. Es un encuentro. Les cae encima. Es así.

¿Cuáles son las coordenadas de ese momento contingente? Ese acontecimiento, ese surgimiento del final se desarrolló según la lógica siguiente. Hubo:
- Uno. El encuentro, lo real. El tiempo de aprensión del objeto. La insondable decisión del ser de atraparlo, de reconocérselo, de apropiárselo.
- Dos. El tiempo para comprender. Se sitúa aquí el primer momento de oscilación subjetiva que se despliega aún en el marco de la experiencia analítica.
- Tres. El momento de aceptar y de aprobar la evidencia. El tiempo para admitirla. "Era entonces eso". Reconozco en tí el signo del final.

En ese movimiento de franqueamiento hacia la puntuación, aquí que descompongo, pongo el acento en tres elementos destacados.

Primeramente la dimensión del acto de reconocimiento, del acto que constituye la decisión que hay que admitir del final. Puede parecer extraño ver allí un acto. Es que el acto cambia un sujeto. Se podría pensar que después de todo, se trata de un saber que salta a los ojos del sujeto y que este no puede hacer nada. Sin embargo, no se trata ya aquí de una elaboración de saber sino de un encuentro, de un encuentro del que uno se vuelve responsable reconociendo allí el signo del final. Se trata de un acto y no de cualquiera, puesto que tiene que ver con algo que respecta a la insondable decisión del ser que es reconocimiento del final. No retroceder y decirse "sí" está en relación con el acto. El acto de reconocimiento e implica esta decisión del ser. Ella necesita admitir y recibir el acontecimiento como siendo el final. El mundo es un negocio de accesorios en el cual se pasea el sujeto. Pasa al lado de los objetos que perturban su espacio subjetivo. Puede ver sin ver el objeto que brilla. Puede estar distraído en el buen momento y pasar al lado. ¿Es uno responsable de su distracción? La pregunta es del mismo orden que aquella de la responsabilidad subjetiva de las formaciones del inconciente. El acto de reconocimiento del final consiste en no ser distraído en el buen momento y atrapar el real que surge del inconciente; elevarlo a la dignidad del objeto precioso. Llegado el caso, se trataría de atrapar esta cosa inmunda que constituye en el sueño decisivo el paté de cabeza extraído del cráneo del sujeto y atribuirle toda su nobleza.

En ese sentido, el acto debe tomarse en el sentido en que Lacan lo define en "El acto psicoanalítico": El acto psicoanalítico -escribe- le suponemos el momento electivo en que el psicoanalizante pasa a psicoanalista. Digamos primeramente: el acto (sin más) tiene lugar por un decir y por lo tanto cambia el sujeto. No es acto caminar más que si no dice solo "eso camina", o incluso "caminemos", sino que haga que "yo llego allí" se verifique en él. Este decir, llegado el caso acompañado de un franqueamiento, se verifica en el "es eso, entonces está terminado".

Luego, en ese movimiento decisivo -"¡Pero es evidente, está terminado!"- el sujeto no dispone de ningún saber, de ninguna referencia para decidir. No hay Otro. Soledad del Uno. No hay brújula. Respecto de ello más que nunca el silencio del analista en ese instante es radical. El analista no reconoce nada, no ratifica nada.

Finalmente, es en la retroacción como es posible interpretar, hystorizar, es decir elucubrar por qué esto ocurrió en ese momento del recorrido analítico, por qué y cómo fue necesario hacer ese bucle que forma la experiencia analítica para que se produzca este acontecimiento, para que surja el elemento decisivo. El sujeto se da cuenta de que es necesario que ella se cierre para que, de golpe, el bucle aparezca. Es entonces solamente que se torna posible reconstruirla y construir el caso.

Uno: "Es eso, se terminó".

Dos: Entonces el pase.

Se articuló lógicamente, a la convicción de un final, la cuestión del pase pues fin de recorrido y pase aparecieron como el revés y el derecho de lo mismo. Después de todo, no era forzado. Otros probablemente conocieron ese momento: "se terminó". Pero todos no necesariamente sintieron la necesidad imperiosa de hacer el pase. Para mí, esta decisión se situaba en el corazón mismo de mi relación con la Escuela. Era necesario y al mismo tiempo la cuestión me aterrorizaba. Es entonces que apareció un segundo momento de la oscilación subjetiva diferente del precedente. ¿Si se terminó, el pase? Angustia. Ese momento de oscilación subjetiva es diferente del precedente. Se sitúa en la interfase de otro movimiento. De un lado el reconocimiento. No un reconocimiento que vendría del Otro sino el del sujeto que debe reconocer, que debe admitir ese "es esto". Del otro, sus consecuencias, su articulación con la Escuela. Es decir su articulación ética, es decir la de aceptar la función de Analista de la Escuela. Aquí sitúo esta experiencia subjetiva singular de la demanda de pase donde el suelo se esconde bajo sus pies y de la que no tomé conciencia en absoluto.

Si estos dos tempos -1. "se terminó » ; 2. "entonces el pase"- no se conciben más que en el espacio de un deseo decidido, al mismo tiempo para mí, el segundo tiempo fue vivido como acéfalo, un momento también donde la angustia invade el ser. Esforzarse por no pensar en las consecuencias. La decisión del pase no implicaba sólo la cuestión de la reconstrucción de la lógica del final, de su transmisión, sino sobre todo la de aceptar la función de Analista de le Escuela. En otras instituciones analíticas existe un dispositivo que da un reconocimiento a un analista. En la ECF, se trata no sólo de mostrar el final, de trasmitir a la comunidad, sino sobre todo de apoyarse en ese momento privilegiado del ser para lo que se esperaría de mí: analizar la Escuela. ¿Qué querría decir esto? Era el Himalaya. Y, aunque insuperable, sobre todo decidir ir allí. Decidir, por lo tanto sin reflexionar. Fue para mí un acto irreflexivo que surge de una imperiosa necesidad, la de ir al pase. Era imperativo. Ir al encuentro de lo real. Un real que yo definiría con estas palabras: "no sé donde voy, pero voy allí". No se trataba de pesar los pro y los contra, de reflexionar en las consecuencias. Si hubiera reflexionado, hubiera fallado y dejado pasar el tiempo del acto. ¡No! Era necesario luchar incluso para no pensar. No voy a pensar. Tomar el tiempo de pensar y hubiera sido demasiado tarde. Estoy allí donde no pienso.

Tres: Transmitir.

Se había franqueado una etapa. No se trataba solo de decirse sí, sino de decir sí a la Escuela.

Era necesario ahora entrar en un trabajo de transmisión a los pasadores. Transmitir a los pasadores no fue algo difícil.

Era necesario luego transmitir a la comunidad.

Puedo destacar dos tiempos de esta experiencia de transmisión a la comunidad. El primero es el de la escritura del caso clínico. Esta construcción no fue tampoco una dificultad. Una vez informado de la decisión del cartel, la inhibición se trasmutó en una necesidad de pasar por la escritura sobre la hoja en blanco. Algunas horas después del llamado telefónico del Secretariado del pase, el testimonio estaba escrito.

La dificultad se situaba más allá. Se definía en estos términos: ¿cómo decir lo real? La escritura de lo íntimo, de lo singular, de lo real, necesita la invención. Pero se trata de una invención muy especial. Si la puntuación que constituye el sueño del final -el paté de cabeza- es un Witz surgido del inconciente, la transmisión constituye otro. El Witz es una creación del sujeto del inconciente que no se revela en tanto tal más que una vez trasmitido a la comunidad. La transmisión del testimonio a la comunidad hace posible el efecto metafórico y hace aparecer que la graciosa historia del sujeto se mude en chiste.

A este respecto, allí en el punto en que estoy hoy quisiera hacer valer un desplazamiento inédito para mí, será necesario que lo formalice.

En efecto, el ombligo del sueño de puntuación -el paté de cabeza- es también el ombligo de la cura, así como fue puesto en exergo en ocasión de la última "Mañana del pase" enriquecida por los miembros de los carteles. Pero ese paté de cabeza no es un significante en más. Falla lo real en su tentativa misma de nombrarlo.

La construcción del caso clínico y el testimonio son ellos también, una elucubración que falla lo real que intenta desesperadamente atrapar. La hystorización es una tentativa de puesta en forma de lo informulable que falla.

El movimiento de la caída del sujeto supuesto saber trae aparejado con él una conmoción del trabajo de formalización. Habiendo caído el sujeto supuesto saber, ya no se trata de hystorizar lo que corresponde al pasado sino de decir bien, de bien decir lo que ocurrió y lo que ocurre para mí hoy. El análisis es infinito. Habiendo perdido la hisytorización todo interés, la elaboración, ahora, conciente lo real del inconciente.

Retorno sobre el acto analítico

Recuerdo esta frase de Lacan en su texto de los Otros escritos: suponemos el acto psicoanalítico el momento electivo en que el psicoanalizante pasa psicoanalista. En esta definición, Lacan pone de relieve un movimiento, un movimiento subjetivo, un cambio radical que se operó en el sujeto, el pasaje del analizante al analista. Como ya se lo ha subrayado, en 1967-1968, Lacan sitúa ese pasaje en el momento en que el psicoanalizante, al término de la cura, evacua el objeto a luego de haber verificado en este objeto la causa de su deseo.

Quisiera poner en evidencia de manera más precisa la dimensión contingente del acto distinguiendo allí una doble faceta. Esto debería permitirme establecer una distinción, a mi juicio, radical de la interpretación analítica.

He señalado especialmente el acto del analizante mismo, el acto del sujeto analizante, en ese momento crucial de pasaje: sueño que puntúa la experiencia y en el cual el analizante ve surgir el inconciente real, su ser reducido a su envoltorio carnal vaciado de su contenido, un resto inmundo. Despojo en el cual, más allá del padre, el soñador percibe esos despojos repugnantes acomodados para la ocasión. Resto envuelto en el cual se reconoce el soñador mismo y que determina su división. Pobre ignorante que quería saber.

Entonces se revela que el analista no era más que semblante, continente vacío, sosteniendo el deseo de saber del sujeto. El sujeto supuesto saber cae con la revelación de aquello a lo que se reduce el objeto. La caída del sujeto supuesto saber es correlativa del surgimiento de ese real. En ese mismo movimiento -acto analítico- el psicoanalizante pasa a psicoanalista. Es la primera faceta que he desarrollado.

Hay una segunda, que quisiera poner de relieve en esta dimensión de acto analítico. Es lo que definiría como siendo el acto del analista mismo. ¿Por qué llamarlo acto? Es en todo caso lo que propongo.

No he subrayado esta distinción que a mi juicio hay que operar entre acto e interpretación analítica.

Subrayemos.

Primeramente, en "El acto psicoanalítico" Lacan habla del acto a propósito del pasaje del analizante al analista, pero el analista -partenaire aquí del analizante- tanto como el analizante es parte interesada en la efectuación de ese pasaje. No veo aquí contradicción con el texto de los Otros escritos. Por ello hablaría de acto más bien que de interpretación.

En segundo lugar, esta distinción se aclara a la luz de la enseñanza de Lacan y más precisamente de su muy última enseñanza. Es indispensable tenerlo en cuenta para la dirección de la cura.

Este acto, que separa el Uno y el Otro, S1 // S2, era indispensable para desembocar en el final, para pasar del inconciente transferencial que cifra y que no cesa de descifrar, a lo indescifrable del inconciente real, para poder separarme de mi analista, para poder dejarlo caer y continuar viviendo sin él, para vivir con el objeto vaciado de su materia consumible.

La segunda interpretación, la del final, es del orden del acto del analista, necesario al acto del analizante en su pasaje al analista. Propongo que esta segunda intervención del analista forme parte integrante del acto analítico mismo.

Presentar el proceso de la experiencia analítica de esta manera dejaría quizás suponer que las dos interpretaciones, la del comienzo y la del final, no tienen el mismo valor. No es evidentemente el caso en la medida en que la segunda está correlacionada con la primera. Lógicamente era necesario pasar por el inconciente tranferencial para que la segunda interpretación pueda surgir (aplausos).

Jacques-Alain Miller: Le agradezco por esta exposición en la que usted trata de decir, de traducir para el público una experiencia.

Es para mí tal vez, la ocasión de decirle que evidentemente, diciéndole "Usted ama demasiado sus fantasmas", no tenía la menor idea y ciertamente no el deseo de provocarle una angustia loca que duró dos años (risas), tengo de todos modos la necesidad de precisar que M. Seynhaeve, durante esos dos años, se ocupó de su trabajo (risas), muy absorbente y que demandaba mucha vigilancia, mucha presencia de espíritu. Por lo tanto, angustia loca -son sus términos, los respeto-, pienso que incluso este término puede interpretarse (risas),y que hay una cierta carga dramática en lo que usted expone, incluso en esto de dos años de dos cuerpos silenciosos que se dan la mano, hay una carga dramática, que indica que usted ama demasiado a sus fantasmas (estallido de risas), en todo caso, es mi testimonio (risas). Dicho esto usted tiene todo el derecho de marcar la densidad de lo que en efecto usted sintió entonces y que evidentemente no puede incluso ser captado sino por personas que tienen un poquito de experiencia de ello. Porque, ¿por qué una frase como esa provoca el testimonio que dura dos años de atravesamiento del desierto, atravesamiento del desierto me parece, desde mi punto de vista, una expresión más ajustada, más sobria que angustia loca?

Entonces, voy a dar la palabra a aquellos que ya la pidieron como Esthela Solano, luego Eric Laurent y los demás, diría solamente que lo que me ha enseñado a mí en particular es hasta qué punto las interpretaciones del analista son la creación del analizante.

Porque verdaderamente no puede decirse que usted haya tenido analistas geniales, uno que le dice "¡Usted debía hablarme de eso!", el otro que le dice "Usted ama demasiado sus fantasmas", es poco. Por lo tanto, verdaderamente es usted quien las crea como interpretaciones sensacionales que provocan sismos. Usted las pone en paralelo, con veintitrés años de distancia, entre dos analistas diferentes -además, esta diferencia, vemos no es mayor-, usted pasó en efecto por tres analistas diferentes, una mujer entre ellos, pero para usted, es el analista. Es una lección de humildad para el analista (risas).

Usted tiene su sueño de puntuación, de final, en efecto, un muy bello sueño que pasa como un Witz, usted es muy discreto en la enunciación, hace reír, el paté de cabeza. Pero los sueños donde surge el objeto inmundo, que sabemos identificar mejor gracias a Lacan, los encontramos en ocasiones como primeros sueños en un análisis. No sé, me viene el recuerdo de una segunda sesión de una paciente, en que apenas haber mordido en el fruto analítico, tenía una operación en la rodilla de donde salían también cosas sanguinolentas, etcétera, se parece.

Por lo tanto, de cierto modo, es usted quien crea eso, que le da un valor. Del mismo modo que Lacan podía decir que el analista forma parte del concepto del inconciente, hay que decir: el analizante forma parte del concepto de la interpretación. Verdaderamente allí usted tomó interpretaciones tan tontas que vemos bien que si se vuelven agalmáticas es por usted.

Entonces agrego aún que el punto común de esas dos interpretaciones es que son reproches. Uno le dice mostrándole la mejilla: "¡Usted debería haberme hablado de eso!", dicho de otro modo "¡Pequeño escondedor!" Si el otro le hubiera dicho "Usted ama sus fantasmas", hubiera sido una constatación, teoría, pero "Usted ama demasiado sus fantasmas" es el juez. Por lo tanto, son reproches. Lo que lo impactó, son reproches: uno que le dice usted omite y el otro que le dice usted expone. Entonces está también el hecho de que para usted los dos lo miran directo a los ojos, etcétera. Digamos que para usted, cada una de esas interpretaciones es un golpe que recibe. En efecto, le arrojé un demasiado, ¡demasiado es demasiado! -señalando una plétora- no es mi método ¿no es cierto? Pero usted tenía detrás más o menos veinte años de análisis -hay un momento en que era demasiado, algo era demasiado-. Y en el fondo todo esto, es para arribar al punto crucial, a saber la conexión del miedo de los golpes del analista al amor del padre. Golpes. Usted recibía visiblemente golpes, cada intepretación era un golpe. "El miedo a los golpes del analista se trasmutó en deseo de los golpes -dice usted-, deseo que velaba el del sujeto de ocupar el lugar de la mujer violada en su fantasma", eso no son interpretaciones, la vía está abierta para algo que francamente fue sensacional.

Le dejo que me responda si quiere pero puede tal vez hacerlo tomando en cuenta también lo que mencionarán Esthela Solano y Eric Laurent y aquellos que querrán hablar luego. Le doy la palabra a Esthela.

Esthela Solano: Ya hemos tenido la ocasión de escuchar el testimonio de Bernard Seynhaeve, pero allí asistimos a una reducción que es formidable en la medida en que nos presenta el proceso de su análisis a partir de estas dos interpretaciones y a partir de los efectos y consecuencias de esas dos interpretaciones, que declina sobre dos ejes diferentes. El primer eje lo declina a partir de la articulación S1-S2 -cifrado y desciframiento del inconciente-. La segunda interpretación la califica como siendo justamente extraordinaria y deferente de la primera, en la medida en que la continuación de las consecuencias de esta interpretación viene a inscribir algo que es del orden del envés de la articulación S1-S2, en el sentido de una disyunción, de una ruptura de conexión S1 // S2.

Es allí donde usted hace valer lo que llama "atravesamiento del desierto", en la medida en que esta segunda interpretación, tal como la escuchó, según la manera en que usted consintió con esta interpretación, según el consentimiento que le dio, esta interpretación tuvo el valor de conmover todos los semblantes. Y es allí donde dice que se le impuso que gozaba de hablar. Y eso tuvo una consecuencia eminente a nivel de lo que usted llama una inversión a nivel de la gramática del fantasma que le permitió acceder a la elucidación de la posición que ocupaba en ese fantasma, y por lo tanto de repente y en el mismo movimiento, el análisis conmovió la fijación del goce anudado al amar del padre.

Pero entonces, fue necesario aún el tiempo para que eso cese, fue necesario hacer frente a la angustia y al silencio, a todo lo largo del ese recorrido sostenido por la presencia del analista hasta el día en que un sueño viene a interpretarlo. Es interesante haber introducido la primera parte del sueño porque eso declina mejor la segunda. Esta primera parte, era por lo tanto: Me desperté en el diván del analista donde me había dormido profundamente, me despierto, no sé de que hablaba. ¡Me parece formidable! Usted se durmió hablando y allí el sueño presentifica el despertar, como siendo del orden de un "se terminó, no hay nada más que decir". Eso se confirma por la segunda parte del sueño, el sueño de la extracción de la cosa inmunda que viene a poner un límite, ¿a qué?, al proceso del desciframiento, al bla-bla, a la espera de que el analista pueda decirle aún algo, ese sueño hace límite y es allí que usted debe consentir al hecho que se terminó.

Se terminó. Me parece que es muy enseñante la manera en que presenta ese momento, cómo despliega la subjetividad de se momento escandiendo allí varias secuencias: primero, le cae sobre la cabeza, el final del análisis no se lo puede prever, se le impone, es una pura contingencia; en segundo lugar será necesario aún que el sujeto dé su consentimiento para que esta contingencia se inscriba como corte, en el orden de la separación. Y me parece que ese término de consentimiento tiene toda su importancia en la medida en que hace resonar el consentimiento del sujeto al acto analítico: no hay acto analítico más que si el sujeto consiente a él. Y por lo tanto allí, usted presenta la razón del acto de salida de la cura como respondiendo también a un consentimiento. Y todo eso para demostrar que la salida del análisis y la entrada en el pase comportan un consentimiento del sujeto, un consentimiento que no se basa en ningún saber, un consentimiento que se hace a partir de la experiencia de lo que Lacan escribe S de A mayúscula tachado, un consentimiento que está hecho sobre un suelo que se esconde bajo sus pies, un consentimiento que se hace sin el apoyo de ningún Otro, Uno solo, separado del Otro consiente a la detención, en un puro "no pienso"

Entonces es formidable la manera en que usted presenta este bucle de la salida del análisis y de la entrada en el pase y al mismo tiempo cómo prueba, demuestra que esta salida del análisis y esta entrada en el pase, este pasaje del analizante al analista no es nada más que una consecuencia en el fondo del acto analítico con el cual el analizante consintió. Es esto lo que encuentro precioso en lo que presentó hoy.

Jacques-Alain Miller: Sí, pero eso no es una pregunta…

Esthela Solano: Mi pregunta es en relación con el "paté de cabeza" (risas). Me parece que ese paté de cabeza es una representación, representa algo inmundo, se extrae de un cadáver, es decir un cuerpo sin vida, y eso se nombra paté de cabeza, pero me digo que todo eso en la media en que hay representaciones y hay también un significante que nombre no es lo real. No es lo real, es decir que presentifica algo del orden del límite de lo representable y del límite de lo nombrable, hace existir lo real, no lo presenta en tanto que tal.

Jacques-Alain Miller: Allí usted tiene una pregunta, sin eso no tenía sino un homenaje (risas).

Yo retengo vuestra expresión hacer tambalear todos los semblantes. Es exacto que "usted ama demasiado a sus fantasmas", dicho en un cierto momento, estaba hecho para eso. Hay elementos que aparecen en un análisis y que a primera vista son completamente consistentes, no son semblantes: es verdadero, al menos la primera vez, cuando aparece. Pero cuando esta recocido, cocinado, asado (risas) -al final está asado- , lo mismo se vuelve en efecto semblante. Y por lo tanto, el momento que fue tomado como una interpretación, es el momento de decir: ¡Huele a asado! Sin duda, no está muy bien dicho pero si puedo decir no está muy bien dicho voluntariamente,porque, si estuviera muy bien dicho, se deslizaría a los semblantes, alentaría a continuar, mientras que esto -Stendhal decía que cuando hablamos de política en una novela es como un tiro de revolver en un concierto-, ¡y bien!, estaba hecho para ser como un tiro en el concierto.

Entonces, la historia de gozar de hablar, según la expresión que usted empleó, me hace pensar en el Eclesiastés, el libro de sabiduría que siempre hay que saber de memoria -¡ah!, hubiera debido decir esto al papa también (risas)-. ¿Qué dice el Eclesiastés ? Dice hay un tiempo para todo: hay un tiempo para sembrar y hay un tiempo para cosechar, hay un tiempo para llorar y hay un tiempo para regocijarse. Es lo más simple y más verdadero que se dice. No sé si eso ciñe lo real. Sin duda. Llega a algo. ¡Y bien! del mismo modo, hay un tiempo para gozar de hablar y hay un tiempo para dejar de gozar de hablar. En el análisis se está muy complicado cuando la gente no goza de hablar: se calla, no es de todos modos el ideal para el comienzo del análisis, por lo tanto se los induce a gozar de hablar. Algunos llegan al análisis siendo muy hábiles a nivel del gozar de hablar pero a otros se los induce a ello. Estamos contentos de que gocen de hablar, es gracias al goce de hablar que se producen revelaciones, es excelente el goce de hablar es necesario, es el alimento mismo de la experiencia analítica. Simplemente, hay un tiempo para gozar de hablar, un tiempo donde gozar de hablar, si puedo decirlo, sirve a la verdad, es la condición de acceder a la verdad, y hay un momento donde gozar de hablar es el medio de bloquear digamos el acceso a lo real, en tanto que ha llegado la hora.

Por lo tanto, en efecto, "Usted ama demasiado sus fantasmas", no es un modo de alentar. Entonces, evidentemente no es muy delicado. Lo confieso (risas). Allí cuando usted escribe que eso provocó una angustia loca de dos años (risas), me digo "¿tu sabes lo que haces Jacques-Alain?". Bueno, no está hecho para eso. Pero voy a decir que: Es un daño colateral (risas). ¿Usted quiere hablar?

Bernard Seynhaeve: Esta segunda interpretación pone efectivamente el dedo sobre el goce del bla-bla-bla. Tiene como efecto poner trabas a la cadena significante, el cifrado-desciframiento, y es esta separación radical, si ustedes quieren, que tiene como consecuencia la angustia, en fin otra forma de goce, hay allí algo que se depuró…

Jacques-Alain Miller: Sí, pero en fin, era una angustia esencialmente presente en la sesión, el resto del tiempo usted estaba bien (risas).

Bernard Seynhaeve: Sí, sí.

Jacques-Alain Miller: Era una angustia durante la sesión, que era una sesión corta (estallidos de risa). Por lo tanto, era una angustia loca pero corta. Bueno, hay que precisarlo, porque sin eso usted se imagina…

Bernard Seynhaeve: Sí, sí. Eso no se veía cuando salía de sesión, entre dos sesiones no se veía.

Jacques-Alain Miller: No, no, pero sin eso yo debería sentirme muy culpable (risas). No era por lo tanto el objetivo del asunto…

Bernard Seynhaeve: Evidentemente. Además, es una interpretación, como se ve, que era necesaria…

Jacques-Alain Miller: ¡Oh, cuánto!

Bernard Seynhaeve: Si no eso continuaría aún. Era necesaria para que pudiera cesar, para que pudiera detenerse. Recuerdo muy bien algo como una suerte de caída así, de lo que pudo revelarse, diría gracias a eso, no a causa de, sino gracias a eso: todo el trabajo de las inversiones gramaticales del fantasma haciendo posible el acceso a la construcción del fantasma implícito, la posibilidad misma que hubiera ese sueño de final de la cura. Me acuerdo incluso, no lo he dicho, pero me acuerdo de haber dicho un día a mi analista "Sueño con tener un sueño". Porque no soñaba más. Dije eso y luego, en efecto es absolutamente asombroso, soñé eso precisamente. Tuve ese sueño que me despertaba. Soñaba que salía de un sueño. Un sueño durante el cual yo no sabía lo que decía. Me despertaba para decir "se terminó".

Articular dos significantes, es deslizarse del lado del sentido, y eso, eso debía detenerse. Pero, al mismo tiempo, no poder hacerlo provocaba la angustia, en la sesión misma, en el marco analítico mismo, no afuera evidentemente. En la vida, soy director de una institución y continué siendo director de la institución, pienso haber hecho mi trabajo.

Jacques-Alain Miller: Director de institucion y psicoanalista. Sí, ¿Eric Laurent?

Eric Laurent: Lo que me impactó es el trayecto del analizante a través de los tres análisis y cómo el camino que lleva hacia la salida depende del comienzo. Este está marcado por una interpretación del comienzo con una interpretación de otro analista que aquel del final. Sin embargo, estas dos interpretaciones se responden exactamente. Usted comienza por una operación en la mejilla, que se ve, señalada por el primer analista con un imperativo: "Usted debe hablarme de esto" -el reproche está formulado bajo ese modo-. Felizmente usted tiene un sueño la noche que sigue, que responde: ¡atención! aquello de lo que se debe hablar no es el quiste sobre la mejilla sino de otra cosa que excede el cuerpo, un demasiado, el demasiado se manifiesta, desborda, invade todo y toma la forma del chorro urinario. Es de eso de lo que hay que hablar más bien que de historias de quistes. En el sueño usted generaliza el problema y dice es el punto de partida. A la salida se encuentra una operación la de la caja craneana que conduce al interior del cuerpo. El demasiado que desbordaba está concentrado bajo la forma del "paté de cabeza". Las dos operaciones se responden puesto que gracias al despertar en el sueño, a la orden "Usted debe hablarme de eso", usted responde "Se terminó". Al, ¡usted debe!, usted dice ¡allí se terminó!

Cuando el trayecto encuentra un final, no es la cadena significante lo que termina, es un cierto régimen de funcionamiento de esta cadena bajo el peso de la culpa. Al ¡tú debes hablar! responde el ¡No! ¡Stop! El trayecto bascula en torno de la interpretación del analista que le dice: hay demasiado. El demasiado que desbordaba y que no cesaba efectivamente de no localizarse, su demasiado en un momento dado, es alojado por el analista. Alojado en el sentido en que es localizado como lo que usted ama. La consecuencia es que al demasiado responde el desierto. El "atravesamiento del desierto" que usted evoca es un demasiado desierto. Se produce un efecto de soplo durante dos años. Y ese primer tiempo está vació, sin fantasmas, acéfalo. Durante los dos años del cuerpo que va a estrechar la mano al otro cuerpo hay un punto acéfalo. Sin embargo no es el mismo acéfalo en ese momento que el del acéfalo que sigue al sueño de extracción del pater, de la "r" de "pater".

Otro AE, Anna-Lucia Luterbach, de Brasil como su nombre no lo indica, hizo girar también el sueño final de su análisis en torno de un paté. Ella no construye la condensación de su hystoria en torno de los mismos términos que nosotros puesto que el sueño está en brasilero y el "pa té" se descompone en (pas toi). Ella captó, articuló su final en torno de un mismo significante pero declinado de otro modo. Para usted lo crucial es la extracción de la "r" de la posición padre. Se trata de desalojar a aquel que puede enunciar el ¡tú eres culpable! ¡Tú debes hablar! Lo acéfalo después de la extracción del sujeto supuesto saber, no es el mismo que antes. Su testimonio permite distinguir dos modos de lo acéfalo. De allí mis tres preguntas (risas). La primera es que no estoy seguro de que hay que atenerse a la secuencia: primero el apego, primero la transferencia, luego la interpretación. La primera interpretación crea la trasferencia o al menos una nueva modalidad de la transferencia. No es el mismo apego antes y después. La prueba es que es un apego que va a fijar algo que va a atravesar los tres análisis. Es un apego a algo del lugar del analista. Ella fija una transferencia positiva que implicaría, al final, el atravesamiento de esta fijación.

Jacques-Alain Miller: Sobre este punto, lo que pone de relieve Seynhaeve, es que es en todo caso su testimonio. Había una transferencia antes del análisis. Había una pre-transferencia muy consistente. Usted dice del primer analista: "yo no sabía que era él". Bueno, eso no le impidió tener otros dos (risas), ¿no es cierto? Este amor exclusivo, no es solo. Porque era él, porque era yo como Montaigne, si no era él -ecce homo, para decirlo en latín-. Y eso se sitúa antes de cualquier operación. Entonces, después, evidentemente eso se modifica, cada interpretación contribuye a la transferencia. Por otra parte, el primer analista, si me acuerdo bien, usted no lo dejó, es él quien lo deja cambiando de país. Por lo tanto el apego permaneció muy consistente. Y si me recuerdo bien también -pero no me acuerdo muy bien- después de este episodio usted ya había venido a verme, usted me eligió, yo lo derivé a otro y usted volvió a verme en tercer lugar.

Eric Laurent: Mi segunda pregunta se refiere a la articulación de las dos modalidades de lo acéfalo. Hemos distinguido en un momento dado dos modalidades del silencio en análisis, con o sin el sujeto supuesto saber. El silencio del sujeto en análisis, bajo la égida del sujeto supuesto saber, no es el mismo silencio que el que se alcanza cuando eso ha caído. De mismo modo me parece que usted testimonia que el modo acéfalo de vivir la pulsión no es el mismo antes y después de la operación de caída del sujeto supuesto saber.

El tercer punto concierne el acto analítico. El acto analítico de Lacan se sitúa en una perspectiva crítica por supuesto, de los actos de lenguaje de Austin y de su: cuando decir es hacer. Sobre ese punto crucial, la problemática introducida por Jacques-Alain según la cual la interpretación esta construida por el analizante, es decisiva. El pasaje del analizante al analista, el pasaje que Lacan da par aquel del acto analítico, concierne el estatuto del decir. El analizante sostiene su discurso bajo la garantía del sujeto supuesto saber. El pasaje a la posición analista supone el horizonte de un decir que se sostendría de sí mismo, sin garantía. El pasaje de uno al otro se esclarece cuando tomamos en cuenta la interpretación en tanto que es un decir que, bajo la garantía del sujeto supuesto saber, se experimenta en su efecto de verdad, en su impacto de interpretación que da en el blanco. El acto analítico consiste entonces en poder sostener un tal decir sin el apoyo del sujeto supuesto saber. Habría que distinguir entonces los dos modos del acto analítico, antes y después de la caída del sujeto supuesto saber. Antes, el analizante crea la interpretación adosada a la roca de su creencia. Luego del atravesamiento, el decir no se sostiene sino del decir mismo. El analizante, creando la interpretación, formando parte en la interpretación, no es el mismo que el analizante al final del análisis cuando franquea el punto donde puede autorizarse de un decir como tal. Se terminó y verdaderamente está terminado. En ese momento, hay pasaje a verificar del analizante al analista. Queda por verificar que el analizante que se sostiene de su decir sin el sujeto supuesto saber ha franqueado efectivamente ese punto. El acto analítico, es un modo de preformativo donde se realiza algo no en el sentido del bautismo, no en el sentido del sacramento como lo planeaba Jacques-Alain Miller en su curso, o en el sentido de declarar la guerra como Austin lo dice, no en ese sentido, sino en el sentido en que algo del goce es suficientemente tocado para que sea trasformado. Y allí a través el largo camino de ese fantasma -entre comillas- masoquista bajo el golpe de la articulación de los golpes, etcétera, "pegan a un niño", el atravesamiento se realiza en este acto que consiste en decir: "se terminó".

Bernard Seynhaeve : Le agradezco esta lectura. Esto me esclarece. Efectivametne ¿cómo consentir sin brújula, completamente solo, sin suposición de saber? Intenté hoy con dificultad poner esto en evidencia, adhiero a lo que usted dice y eso me aclara. Entonces, sería necesario que intente ahora precisar más ese pasaje acéfalo. Es verdad que no es lo mismo, este atravesamiento del desierto, esta dimensión acéfala que usted pone en evidencia, la dimensión acéfala de este atravesamiento del desierto, y la dimensión acéfala del acto analítico, son en efecto dos cosas diferentes. Será necesario que avance sobre ello para poder precisar un poco.

Jacques-Alain Miller : Gracias. Hasta la semana que viene (aplausos).


(Lo que Bernard Seynhaeve escribió en el pizarrón)

 
Traducción: Silvia Baudini