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Entrevista de actualidad 13

Viernes 24 de octubre de 2008
Francisco Hugo Freda con Jacques-Alain Miller
Publicada en 74, rue de Assas, Paris 6ème por JAM

Jacques-Alain Miller: ¿Querría usted presentar una cronología del CPCT-Chabrol?
Francisco Hugo Freda: Es para mí una oportunidad de responder. Hoy estoy un poco alejado del CPCT en su funcionamiento interno. Desde mi partida, no he tenido tareas en el CPCT más que una vez, por pedido de Fabien Grasser, cuando se trató de contactar a un alto funcionario.
Desde el primer día que empecé a trabajar en la dirección del CPCT me di cuenta de que lo que hacía existir al CPCT era el psicoanalista del CPCT. En seguida elegí constituir dos grupos: un primer grupo de analistas altamente renombrados de la Escuela, y un segundo, de gente más joven, a quienes le dimos rápidamente un lugar.
En cuanto al modo de funcionamiento del tratamiento, me acuerdo de la frase de uno de los colegas: "es una ducha fría sobre la transferencia". ¿Por qué? Porque conocemos el final del tratamiento antes de que comience. De alguna manera, le quitamos al psicoanalista una de sus armas: el tiempo. El CPCT le quitó también otra arma: el dinero. ¿Cómo trabajar y recibir en tanto analista cuando están estas dos variables que, de entrada, interfieren? Allí se encuentra el punto inédito del CPCT para el psicoanalista.
Es por eso que desde el inicio se planteó la cuestión pertinente e insistente: "¿qué hacemos después de las dieciséis sesiones?", incluso cuando existía la posibilidad de renovarlas una vez. El final estaba anticipado y es eso lo que le dio una manera particular de hacer con el tiempo. Estas dos dimensiones jugaron un rol importante en toda la reflexión sobre el CPCT, habiéndose instalado también un doble sistema de consulta y de tratamiento.
La consulta es el momento necesario para nombrar un síntoma a partir del cual se trabaje, con una selección de algunos pacientes que, no pudiendo ser tomados en el dispositivo, estaba siempre la preocupación de no dejarlos en la calle.
A medida que la experiencia avanzaba, dos preocupaciones aparecieron. La primera: observar la experiencia de cerca; de allí surgieron las reuniones clínicas, la RIM, una vez por mes. Pero también cada analista del grupo A tenía a su cargo la responsabilidad de analistas más jóvenes con quienes trabajaba todos los casos para la continuación del tratamiento. El CPCT, siendo una creación de la Escuela, no podía correr ningún riesgo, era necesario controlar minuciosamente la experiencia. Hasta ahora, no tuvimos ningún pasaje al acto grave, ningún suicidio, ninguna situación que condujera a llamar a la policía. Eso da una idea de la seriedad del trabajo clínico realizado.
Una de las cosas que más me sorprendió fue la calidad de formación de las nuevas generaciones, con quienes trabajaba todos los días, constantemente. Estaba sorprendido de su pertinencia, de la manera cómo miraban los casos, y veía, como nunca había visto antes, lo profundo del trabajo que había detrás: trabajo de las Secciones Clínicas, de diferentes aparatos de la Escuela donde hay una formación constante, más el análisis personal y el control en la mayoría de las personas. Todos los que entraron durante mi mandato estaban en análisis con un miembro de la Escuela, si no, no podían integrar el CPCT, era una condición sine qua non, excepto algunasexcepciones, porque estaban en análisis desde hacía mucho y consideramos que podían integrar el CPCT. Esta fuente de sorpresas no era solamente para mí: mis colegas apreciaban mucho la vivacidad de los más jóvenes, producto de un saber adquirido. Luego, llegó gente nueva, a partir del Atelier de psicoanálisis aplicado. Los directores de ese momento los interrogaron uno por uno para saber si eran aptos para trabajar en el CPCT.
Al mismo tiempo, todo el mundo aprendía cosas. Yo mismo saqué un gran provecho, en tanto analista, de lo que producían los otros. Cuando yo tenía 40 años, no estoy seguro de que estuviera tan bien formado como esos jóvenes. Veía el trabajo de la Escuela y del Campo freudiano vivo. Era una fuerza enorme y una tranquilidad para el director que yo era en ese momento. Estaba frente a personas que habían adquirido una experiencia y una formación sólidas.
Esto estaba claro de entrada: la Escuela es la Escuela, el CPCT es el CPCT. La formación analítica es la Escuela. El CPCT es una experiencia clínica, ligada a la Escuela. No hubo nunca la menor ambigüedad.
Podemos pensar al CPCT como un producto de la historia, del momento histórico que vivíamos, los forum, etcétera, y el impulso suyo. Sabíamos que había una historia detrás. Ya quince años antes habíamos pensado crear algo de ese orden. Esta experiencia había que hacerla en ese momento, era bienvenida, pero pienso también que estaba ligada a una nueva concepción de la formación del analista, de lo que es un analista hoy, del cual su enseñanza testimonia. Hay un lazo, que hay que encontrar, entre la definición que usted dio en los cursos de los últimos diez años sobre el analista, su función en el mundo, el lugar que ocupa en la sociedad. Está la irrupción del CPCT en la plaza pública. No podemos pensar que es solamente una iniciativa de pura circunstancia. Hay un basamento teórico, una nueva orientación de la Escuela que el CPCT encarna de alguna manera. Sólo la Escuela pudo hacer eso, porque estaban dados los elementos para hacerlo: una idea de base de lo que el psicoanálisis es hoy, de lo que es el psicoanalista en el mundo, y eso es por su enseñanza. Y del otro lado, una Escuela sólida que podía hacer frente a esa suerte de tensiones que planteaba inevitablemente el CPCT. Si no lo pensamos así, no percibiremos verdaderamente el núcleo duro del CPCT. Es esto lo que me gustaría manifestar hoy.
La enmienda Accoyer fue el acontecimiento desencadenante, pero lo que permitió el CPCT fue el enorme bagaje de formación y un discurso que podía orientarlo y que era la enseñanza suya. No podemos negar que se produjo, un tiempo después de la creación del CPCT, la salida del Seminario Le Sinthome, que cayó muy bien. Usted ya lo había dicho con anterioridad en el libro Joyce avec Lacan: "a partir del sinthome, todo el aparato psicoanalítico se modificó, el síntoma forma parte de la estructura, no está más fuera de la estructura". Por este solo hecho, todo el aparato psicoanalítico cambia, no es más el mismo. El CPCT se hizo eco muy rápidamente de todo eso, con las nociones de desenganche, desinserción, precariedad simbólica, metáforas de lo que ya era una línea trazada. Este es el fundamento mismo del CPCT.

Tres escansiones
JAM: Usted me habló de una cronología. ¿Querría nombrar las escansiones?
FHF: Como lo decía Alain Merlet, que trabajó en el CPCT desde el inicio –haciendo el viaje desde Bordeaux, un esfuerzo enorme– llamamos al CPCT "la danseuse de l´Ecole". Desde el primer día, lo sabíamos, había dinero para dos años. Desde el primer año, la obligación del director era darle al CPCT autonomía financiera, que se autofinanciara.
Lo importante no era el financiamiento en tanto tal, sino que el CPCT se inscribiera en el Otro Social. Con él, era el psicoanálisis de la Escuela que estaba representado ahí donde se quería a todo precio excluirlo. Podríamos haberlo financiado de otra manera, sin pedir nada, por ejemplo, haciéndoles pagar a los pacientes, tres, cuatro, diez euros cada uno. Pero la cuestión no era esa.
Para mí era una experiencia inaudita. Ir a presentar el CPCT a diferentes instancias de la ciudad de París o del Estado, era increíble. Era la frase: no podían creernos. Produjimos un verdadero shock y sobre todo una enorme desconfianza. "¿Por qué ustedes, psicoanalistas, que están bien instalados, y que ganan bien, quieren venir a la plaza pública a ofrecer el psicoanálisis a todo el mundo y gratuitamente? ¿Dónde está la trampa? Sin duda, quieren llenarse los consultorios de pacientes". Cuando mostramos las estadísticas, se dieron cuenta de que no era para nada así.
Digámoslo, durante un año y medio, ¡ni un centavo! La primera subvención ascendía a 7000 euros, sacados del fondo de un cajón de una administración. Es a partir de la pregunta del Otro, "me gustaría ver lo que hacen, ¿qué es lo que eso produce?", que hubo un momento de ver para mí: debíamos ser todavía mucho más competentes, nuestro sistema debía ser mucho más riguroso aún. Todo un juego de ir y venir. Al mismo tiempo, el Consejo de administración de la Escuela y su Bureau eran regularmente informados de todo esto. Nuestra inscripción se fue haciendo poco a poco, para pagar el funcionamiento de la institución.
¿Cuáles son las escansiones?
La primera escansión es cuando obtuvimos la primera subvención.
¿Cuándo?
Diría que un año y medio después de abrir el CPCT, pero habría que verificarlo.
¿El segundo momento?
Un segundo momento es cuando empezamos a producir la contra-experiencia. Era la tentativa de ver los inconvenientes de la experiencia.
¿Podría explicar qué fue esta contra-experiencia?
Se trataba de un grupo de colegas que se reunía una vez por mes conmigo y analizábamos los problemas ligados al funcionamiento, los límites institucionales, las preguntas clínicas que suscitaba y las incidencias directas en el tratamiento para los pacientes. Era necesario afinar más el aparato conceptual. Lo que fue para nosotros una ayuda mayor, es el Seminario sobre La relación de objeto.
El caso Juanito es verdaderamente el tratamiento CPCT, de alguna manera. Este nos dio una suerte de modelo de trabajo: sesión por sesión, una después de otra. Nombrar la sesión, ¿qué pasó ahí? ¿Cuáles fueron los significantes? ¿Cómo se desinfló lo imaginario? ¿Cómo hizo irrupción un nuevo significante? ¿Cómo se produce la calma para un sujeto angustiado o para alguien que no se levantaba de la cama desde hacía dos años? Nos daba el esquema conceptual del modo de operación. Yo insistía mucho sobre la intervención del analista para producir modificaciones y cómo la interpretación modificaba el recorrido de una trama significante. Prestaba también mucha atención a la entrada del paciente en el mundo fantasmático, es decir, ahí donde la dimensión temporal iba a tomar otra amplitud Sabíamos en qué momento era necesario parar, no dejar al paciente continuar en una vía asociativa: "no podemos asegurar una continuación indefinida como lo merece lo que usted acaba de decir. Nos hemos alejado ya del problema inicial por el cual usted vino". Me acuerdo de un caso de Esthela Solano con respecto al sueño de un niño. Ella me dijo que había puesto el acento sobre una aspecto del sueño y no sobre otro, porque poner el acento en el otro lado hubiera desencadenado la entrada en la vía fantasmática, a la cual ella no podía darle continuidad, dada la estructura del CPCT.
Debemos haber almacenado entre 300 y 400 casos como esos, casos escritos uno detrás del otro, que un día será necesario explotar. Esta es la escansión orientada de la clínica.
La primera escansión se termina con la primera subvención. La segunda con la contra-experiencia que comenzó cuándo… Un año y medio después. Fue usted mismo quien me indicó que el CPCT era una experiencia y que era necesario hacer una contra-experiencia.
¿Cuánto tiempo duró la contra-experiencia que usted hizo?
En principio, hasta mi partida.
¿Cuál es la tercera escansión?
Es el desarrollo de unidades. Las creamos teniendo en cuenta las edades: adultos, adolescentes, niños. Pero para mí la escansión fue cuando creamos la Unidad Precariedad.
¿Cuándo fue eso?
Alrededor de dos años después de comenzar la experiencia. Veíamos muchos pacientes presentarse en un estado de precariedad en tanto tal: los "sin domicilio fijo". Las asociaciones nos mandaban gente, todo lo que se les había ofrecido de posibilidad de inserción había estado condenado al fracaso. "Hay entonces un problema psicológico. Vaya a ver al psicoanalista". ¡Sorprendente! Es el psicoanalista el mejor lugar para tratar de enganchar de nuevo a un sujeto completamente desenganchado. Concebí entonces una Unidad especial que no se ocuparía más que de ese problema, la Unidad Precariedad.
Ahí hubo un cambio, la idea era que el sujeto estaba identificado a ese nombre, al "ser precario", y que era necesario desidentificarlo de esa posición subjetiva en la que se complacía. Hubo ahí un momento de inflexión en el CPCT.
Yo quería hacer otras unidades de ese orden, tenía otras ideas. Había sido contactado hacia el final de mi mandato por las autoridades, los ministerios, personas de la DASS, de la DRACC, que había ido a ver numerosas veces durante todos esos años. Y una vez fue evocada la cuestión de la obesidad, que se había vuelto un problema de salud mayor: sus autoridades querían tener un análisis sobre el tema, porque había un cierto fracaso de los tratamientos propuestos hasta el momento. Por algunas razones, no pude armar esa unidad. Pero existía la posibilidad de crear unidades centradas sobre el "identificarse" a un nombre, en este caso, "obeso". Esta identificación era necesario mantenerla, y trabajarla a partir de una práctica muy particular.
Es lo que hacía en mi trabajo con los toxicómanos. Me interesaba saber por qué un sujeto se identificaba al "toxicómano", al punto tal que "toxicómano" se volvía su nombre. Acuérdese del caso del toxicómano que presenté en la época del GRETA. Me apoyaba sobre un texto bien preciso de Lacan, la sesión de clausura de la Jornada de carteles de la Escuela freudiana de París en 1975, donde él recomienda leer atentamente Juanito, y donde dice: "no hemos extraído toda la moral de Juanito", "moral" ahí tiene el sentido de "enseñanza", pero no solamente.
Como se dice: "la moral de una fábula". Entonces, las Unidades: está la Unidad niños, la Unidad adolescentes...
Hubo la bella Unidad Precariedad. Luego, en razón de las circunstancias, hubo la Unidad Depresión. Esa creación tuvo un carácter político. Entonces, cuatro Unidades durante mi mandato.
¿Y después?
Hay que preguntarle a Fabien Grasser, el nuevo director: últimamente se crearon otras Unidades, por ejemplo, la Unidad "Las habladoras" para mujeres golpeadas. La creación de esas unidades es un punto de inflexión, que provocó una serie de polémicas en el interior del CPCT. Algunos decían: "estigmatizamos al sujeto" y yo respondía: "pero ya está estigmatizado, hay que hacerlo salir de eso". Encontrar un psicoanalista es eso: arrancarlo de esa estigmatización.

Comencemos una tercera parte. Del CPCT a la Escuela
El CPCT-Chabrol y los CPCT son discutidos, puesto en debate. Esto comenzó con la conferencia institucional de la Escuela que se reunió a mediados de septiembre, bajo el tema elegido por el Boureau de la Escuela. "Nuestra Escuela, nuestro psicoanalista". Usted había previsto tres secuencias, me había pedido presidir la tercera, once textos fueron leídos. Después, hubo una hora de discusión, donde se debatió sobre el CPCT-Chabrol. Me ví llevado a decir que sería necesario hacer una auditoria en el CPCT durante un mes, nada más. En las Jornadas de la Escuela hice dos intervenciones y enseguida comenzamos estas entrevistas de actualidad, primero con Jorge Forbes. Empecé a recibir contribuciones, las publiqué, luego las provoqué.
Hoy, miércoles 22 de octubre, tenemos 11 números. Apareció hoy mismo una contribución de Pascale Fari y otra de Daniela Fernández. No se si usted tuvo tiempo de leerlas.
No, no todavía.

¿Qué le inspira este debate? ¿Qué retiene usted? ¿Qué elimina? ¿Cuáles son sus reacciones, sus objeciones, sus respuestas? ¿Cuál es la mirada que usted tiene sobre las contribuciones y sobre el CPCT? ¿Hay algunos elementos que le parecen dignos de ser puestos en consideración?
Continuará.

Palabras recogidas el 22 de octubre de 2008.

 
Traducción: Damasia Amadeo Freda