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Trauma

La serie, lo serio

El Trauma, el psicoanalista y su acto

Analista contra trauma [1]
Dolores Amden

“Es diciéndolo con mucha delicadeza como podemos pensar el psicoanalista como psicoanalista trauma”.
Éric Laurent

“Las sesiones de análisis eran terribles; yo no podía no ir y al mismo tiempo era el horror. No podía mirarlo, aunque él me lo pedía tomándome de las manos: «¡Pero míreme!» Yo llevaba anteojos oscuros. Encontré el horror, el de la transferencia que desemboca siempre en las formas más arcaicas. (…) Si él no hubiera infiltrado simbólico mediante sus palabras, ni de lo vivido en las sesiones, jamás hubiera vuelto”[2].

Este fragmento del testimonio de Rosine Lefort acerca de su análisis con Lacan puede darnos una pista de lo que se trata la noción de analista trauma. Dicho sintagma, que surge de una cita que encontramos en el Seminario 19, ¿acaso apunta a la misma línea que sugiere al analista como quien perturba la defensa del Seminario 24? Son dos ideas que se enlazan si pensamos que el trauma convoca a la defensa. El sujeto no hace otra cosa más que defenderse de ese trauma, que se construye en el análisis, y no deja de velarlo con el fantasma -fantasma cura trauma dirá Guy Briole- y con el síntoma.

Volvamos a Rosine Lefort.

“Todos los días, veinte minutos, media hora en el silencio; él mantuvo su presión y yo toqué lo que jamás verdaderamente articulé sino en eco, la otra cara de todas las palabras de mis padres que me habían callado…”. La presión del silencio, que marca y posibilita, consuena con la idea que Lacan tiene acerca del analista al compararlo con el padre traumático. Lo cito: “Todo padre traumático está en suma en la misma posición que el psicoanalista. La diferencia es que el psicoanalista, por su posición, reproduce la neurosis, mientras que el padre traumático la produce inocentemente.

Se trata de reproducir este significante a partir de lo que fue su florecimiento. Constituir un modelo de la neurosis es, en suma, la operación del discurso analítico. ¿Por qué? En la medida en que le quita la dosis de goce”[3].

Lacan señala aquí otra orientación para el analista: como reverso del padre, opera para “quitar una dosis de goce”. Así, para incidir sobre esa dosis de goce, el analista en la transferencia se deja tomar por la neurosis y produce -o reproduce- una operación contraria, infiltrando algún tipo de simbólico –como leemos en el caso R. Lefort- con su interpretación. Quita una dosis de goce, pero sin gozar. En este punto, toma relevancia el analista contra trauma[4] que evoca Éric Laurent, allí donde de lo que se trata es, no de la vertiente sorpresa del trauma, sino de que el analista se dirija hacia la zona trauma[5]regido por la dimensión contingente de su acto.

Agradecemos la imagen a la artista Alicia Leloutre

NOTAS

  1. Cartel: “Zona trauma”. Catelizantes: Ana Larrosa, Lisa Erbin, Adriana Lafogiannis, Paula Szabo. Más Uno: Silvia Salman.
  2. Lefort, R., “El camino de la cresta sobre la duna. Entrevista de Judith Miller a Rosine Lefort”, Revista Lacaniana N° 14, Bs. As.: Grama, 2013.
  3. Lacan, J., Seminario 19 ...O peor, p. 150. Clase del 4/5/1972, inédito.
  4. Laurent, É., “Comentario a la mesa del pase 1”, Revista Lacaniana 28, p. 114,Bs. As.:Grama, 2020.
  5. Salman, S., “Proximidad del trauma y lo femenino”, Revista E Mariposa N°8, Bs As: Grama, 2015.