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Trauma

La serie, lo serio

El Trauma, el psicoanalista y su acto

Lo escrito en el trauma- garabateo[1]
Marina Parreño

La propuesta de un análisis exige desde su lógica la constitución del síntoma en la partida, y la función del analista requiere de tiempos de escucha y control para orientarse en la lectura que opera a través de la interpretación.

Entre las formaciones del inconsciente, el síntoma resulta guía para no perderse en los efectos laberínticos que el juego significante crea en la escucha. Su permanencia y su carácter repetitivo resultan distintivos frente a lo florido y evanescente de otras formaciones del inconsciente. En su cara de verdad, enigmática y significante, señala que hay sentido en juego, en tanto portador de goce mortificante alojado en el lazo al Otro. A lo largo de un análisis se apuesta a que estos sentidos vayan cayendo a partir la interpretación del analista que apunta al agujero, una lectura fuera de sentido a la que el sujeto debe consentir con su división. Así se irá cerniendo su cara más real, fija e indescifrable. Freud la encontró en los restos sintomáticos, lo que del síntoma es fuera de sentido e insiste.

Tiempo constitutivo al que se dirige un análisis. “… El goce del síntoma testimonia que hubo un acontecimiento...”- traumático, que trastornó y desvió el goce del cuerpo vivo- “Este goce no es primario pero es primero en relación con el sentido que el sujeto le da, y que le da por su síntoma en tanto que interpretable.”[2]

El acontecimiento de cuerpo produce fijación significante que opera fuera de sentido. Para Freud el trauma es sexual, primero como realidad, luego como fantasía. Lacan lo remite a lo escrito en tanto la relación que no hay, punto de vacío, de falla, de agujero significante, que de la letra soporta la estructura.

En el recorrido de un análisis se intenta elucubrar un saber del inconsciente sobre este punto de indecible.La interpretación del analista “...apunta a la materialidad de la escritura, es decir la letra en tanto que produce el acontecimiento de goce que determina la formación de los síntomas. El saber leer apunta a esa conmoción inicial...”[3]

La apuesta de un análisis es incidir en el sujeto desde lo simbólico, en el que se cuela algo de lo vivo de la presencia del analista, apuntando a ese real. Apuesta al sinthome, goce no enlazado al padecer (tanto), ni al Otro constituido en el fantasma. Modo singular y vivificante de gozar.

Concluyendo “...La escritura es pues una huella donde se lee un efecto de lenguaje, es lo que ocurre cuando garabatean algo...”[4]

Agradecemos la imagen a la artista Alicia Leloutre

NOTAS

  1. Cartel: “Huellas del trauma”. Cartelizantes: Romina Aguilera, Evangelina Fuentes, Yanina Maccarone, Marina Parreño. Más Uno: Verónica Carbone.
  2. Miller ,J-A, “Leer un síntoma”, AMP Blog, 2011: http://ampblog2006.blogspot.com/2011/07/leer-un-sintoma-por-jacques-alain.html
  3. Ibídem.
  4. Lacan, J., El Seminario Libro 20 Aún. Libro 20, p. 147, Bs. As.: Paidós, 1992.